El 1 por 0 es un espejo del presente ‘Tricolor’, un equipo en reconstrucción que aun resiente los males heredados y todavía subsiste de lo bueno (no todo es negativo). Como una luz de bengala encendida en medio de la noche, el brillo aparece, pero dura muy poco.
A veces alcanza para ganar, en otras no. Y Costa Rica respiro con solo chispazos y poca constancia ofensiva.
Resulta que lo bueno suele venir de los talentosos, Joel Campbell, de menos a más, Bryan Ruiz en curva descendente, pero aún influyente cuando el rival lo descuida. Los mismos de siempre con otros que aún no pesan, como Mayron George.

Gustavo Matosas consigue su primera victoria, pero todavía es díficil de asegurar si existe una mejoría cuando las armas de siempre son las que resaltan, en lo individual y lo táctico.
Sucede que Costa Rica es un equipo de dos caras desde hace tiempo, para bien y para mal. Ni la promesa del entrenador de variar la fórmula, ni la insistencia por probar con otros futbolistas provocan un resultado tangible en la manera de jugar de la Mayor.
La Sele es un equipo cuando debe proponer, y otro muy distinto si retrocede la línea de presión para jugar con espacios y contragolpear. Así de simple: de la primera etapa resulta evidente la poca certeza en la ejecución de las jugadas de peligro cuando la Mayor trató de llegar a portería sin encontrar los espacios entre la retaguardia de Jamaica.
Con muy poco, la afición silbaba, termómetro de un partido sin vértigo.
A partir del primer gol, obra de Keysher Fuller al 29', el bloque cerrado de Jamaica se partió y le permitió a la Sele lanzar por los costados y desequilibrar, como siempre.
Entonces, cuando la Tricolor debe ser paciente y fabricar con el balón en los pies (como en el arranque), es un equipo poco profundo y predecible, que denota la falta de dinámica en el último cuarto de cancha, lo que al final también le complica atrás porque suma muchos hombres en ofensiva y el bloque defensivo reciente el repliegue, algo lento.
Con espacios, en cambio, el equipo demuestra que puede ser peligroso, esta vez con Joel Campbell como director de orquesta de la mayoría de ataques y Bryan Ruiz como complemento, mucho más fino en los trazos que en el juego ante Guatemala.

A las salidas rápidas se sumó Rónald Matarrita, esta vez de volante, rápido para la contra, poco efectivo cuando predomina la posesión de balón. Es quizás el único cambio de posición que realizó Matosas hasta el día de hoy; otrora lateral en un sistema con tres en el fondo y dos carrileros, esta vez se coloca más adelantado, mucho más cerca del área y con menos responsabilidades atrás, resguardado por Francisco Calvo en la lateral.
En punta fue el turno de Mayron George, algo tímido para imponerse en ataque, incapaz de acabar con las dudas en punta cuando parece que, de nuevo, se avecina un proceso sin un '9' solvente, otro dolor de cabeza para Matosas.
En tres partidos, el charrúa ya puede hacerse una idea de lo que necesita corregir, pues hasta el momento son poco visibles los cambios sustanciales en la propuesta, pese a que en el segundo periodo Costa Rica mejoró en los rompimientos.
Más combinaciones, mayor apertura por los costados y algo más de creatividad al pisar el área, una fórmula que le permitió acercarse con más solvencia al área.
De lo predecible del libreto, al menos se notó claridad en la necesidad de no perder el equilibrio.
