Selección Nacional

Opinión: Un VAR tuerto y mudo

Ahora los árbitros se equivocan dos veces: primero, el error que habrían cometido normalmente; luego, con la prepotencia de no admitir sus dudas

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Desde que asomó su nariz, el VAR me olió feo. Dije que el árbitro y sus asistentes se volverían unos esclavos del ojo electrónico, perdiendo autoridad y desnaturalizando un juego en el que el error, como en cualquier actividad, es parte de la trama.








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