En el fútbol hay muchas ideas que aceptamos pasiva, acríticamente. Una de ellas: es preciso ser disciplinado, planificar, entrenar cada jugada, ensayar la coreografía exacta del juego una y mil veces. Yo suscribo, en efecto, a este sentir. Sin embargo, es útil e interesante enterarse de que hay inmensas figuras de la historia del fútbol que no piensan de esta manera. Tostao dijo alguna vez: “las grandes jugadas no se ensayan: brotan así no más, de raptos de inspiración”. Más diríase la reflexión de un artista que la de un deportista. Y cuando vemos la prodigiosa jugada con que eludió a tres rivales por la punta izquierda (en cuenta un túnel a Bobby Moore) para preparar, mediante pase teledirigido a Pelé, el gol de Jairzinho (México 1970: partido Brasil - Inglaterra), nos embarga la absoluta certeza de que Tostao improvisó esa jugada. Tostao, la creó in situ y sobre la marcha. Un mago que se saca pañuelos de la manga y palomas del sombrero. Vean la jugada a la que hago alusión: es imposible “entrenarla”: eso fue un arrebato de genio, lo que los franceses llamarían un coup de génie. El genio es, por definición, inexplicable. Tostao redujo a humo a sus defensas, a punta de gambetas y cambios de frente.