Jacques Sagot. 2 julio

Es bajito, panzoncito, maicerito, chiquitito, humildito, modestito, recoleto, prudente, ininteligible en su discurso, folclórico, pintoresco, carente de sofisticación: es Óscar Ramírez. El tico lo quiere porque se ve en él retratado, porque es en todo punto representativo de nuestra idiosincrasia. Es el técnico ideal para Costa Rica. Siempre lo será. Ahí seguirá hasta la consumación de los tiempos, y no por razones futbolísticas, sino por su psicología, su personalidad, su temperamento, con el que el tico se identifica plenamente. Es un técnico absolutamente representativo del tico promedio. La gente lo quiere porque se ve en él retratada. Es una excrecencia de nuestra tierra, un genuino producto nacional.

Hay cuatro opciones de vida: la excelencia humilde (¡miel sobre hojuelas!), la excelencia arrogante (menos bien, pero aceptable), la mediocridad humilde (mal, pero siquiera no irritante), y la mediocridad arrogante (inaceptable desde cualquier punto de vista). Ramírez representa la tercera posibilidad: la mediocridad humilde. Nada tolera tan mal el tico como la arrogancia (más exacto sería decir: lo que él percibe como tal). Mil veces preferible para nosotros tener un mediocre humilde que un genio arrogante. Es por eso que siempre querremos a Óscar Ramírez, es por eso que terminará por ser integrado a nuestro pabellón nacional, al lado de las carabelas y los volcanes, es por eso que pese a haber liderado la segunda peor campaña mundialista de Costa Rica la gente le tiene cariño y le perdonará básicamente todo. No es por admiración o reconocimiento de sus méritos (¿cuáles?) Es porque a través de su verbo cantinflesco y de su pose modosita y pacata el tico se reencuentra a sí mismo. Podría postularse a la Presidencia de la República y muy probablemente ganaría.

La excelencia asusta al tico. De inmediato le colgarán el sambenito de la arrogancia. Todo lo sobresaliente, lo excelso, lo fulgurante, lo eximio nos sume en el terror, nos desestabiliza, nos saca de nuestra zona de confort. La primera forma de descalificarlo es acusándolo de ostentoso, prepotente o ególatra. Son cosas que jamás se dirán de Ramírez. Tenemos exactamente el técnico que merecemos. Todo le será perdonado, sí, porque representa el meollo del alma tica.