Costa Rica solo juega al error del rival, a no perder y sin iniciativa, así es muy complejo sacar resultados positivos en una alta competencia como lo es el Mundial.
Ante Serbia se insistió una vez más en el juego largo que no genera nada, al punto de sumar 30 pelotazos para buscar a un atacante que por lo general está en desventaja y sin jugadores que le den una mano y lo acuerpen.
La Selección no tiene sorpresa, tampoco muestra transiciones con intensidad y dinámica; por el contrario, cuando logra dominar la esférica juega lento y hacia atrás con los centrales.
Ante esto, el rival se repliega y se acomoda sin problemas a la propuesta predecible de Óscar Ramírez.
Adicional a esto, hay futbolistas que no están al nivel que se necesita en la Copa del Mundo y la Nacional lo resiente, como el caso de Bryan Ruiz y Celso Borges, ambos indispensables para que el resto de compañeros entren en juego, se den asociaciones y se generen ocasiones claras de peligro.
Este era el partido del grupo en el que se podía jugar de igual a igual y para todos era claro que no se podía perder.
No obstante, hay algo que refleja la mentalidad del equipo y del técnico: se salió a proponer hasta que se estuvo contra la pared, no se busca el partido de inicio y se pagó.
Más allá de que la posesión final fue de 50% para cada equipo, es engañosa porque los serbios dominaron en su gran mayoría y cedieron después de anotar.
Eso sí, en este lapso Costa Rica careció de profundidad, se cayó en una lentitud inapropiada para romper a un bloque compacto y por ende el dominio fue insulso, carente de sorpresa e ineficiente en cuanto a a la generación de oportunidades reales de empatar.
El panorama es adverso.

Infografía Nación
