Montecillos, Alajuela. No es una ocurrencia. Es el resultado de años de reflexión en torno a un quehacer que le apasiona. Colgar los botines y convertirse en un director técnico significa, para Rónald Gómez, el llamado de una vocación.
Cuando los petardos y las luces del año nuevo todavía no se apagan en el cielo de las ilusiones, el estratega se afana con el silbato al mando de sus pupilos, algunos de ellos, viejos compañeros en la cancha.
Sábado en la mañana. Sol intenso en Montecillos. Hay una suerte de anonimato en el ambiente de un entrenamiento. Los hombres más connotados se confunden con los que empiezan, y la cofradía del sudor sigue con atención las indicaciones del técnico de Carmelita.
Mientras Gómez dirige al grueso del grupo, su tocayo Rónald Sequeira, entrenador de guardametas, remata a los voladores de cono a cono, Bryan Zamora, Diego Camacho y José Francisco Porras.
El atajador exmundialista de la sonrisa abierta se faja tanto como sus colegas, mientras que en otro sector del campo, Wílmer Pato López repite sus pases medidos a 20 o 30 metros. Una y otra vez.
Dos horas más tarde, un hombre de pocas palabras atiende, serenamente, las consultas del reportero.
¿Cuándo decidió ser técnico?
Desde hace muchos años he venido estudiando, en Grecia y en España. Me he preparado a fondo para retribuir con algo al futbol.
¿Por qué pensó en Carmelita?
Es un reto importante, es mi barrio y el equipo que me brindó la primera oportunidad de jugar.
¿Qué fue lo más difícil que vivió como jugador activo?
Cada lesión en mi rodilla fue un trago amargo, muy difícil para mí.
¿Qué significó jugar con los dos mejores equipos del país?
En realidad siempre milité en equipos grandes. Cuando estuve en el Carmen, era un equipo grande. Cuando me fui al OFI de Creta salí segundo en la liga griega; en Chipre fui campeón. Y en Guatemala también. Y aquí, con Saprissa y en la Liga siempre gané títulos.
“En México, con el Irapuato, salvamos al equipo del descenso y estuvimos a punto de participar en la liguilla. En Kuwait salí campeón. Puedo decir que mi vida como jugador fue un trayecto de éxitos, y espero que como entrenador sea igual.
¿Hay una figura de director técnico cuyo ejemplo lo inspire?
Me gusta mucho la filosofía de José Mourinho. Inició con un club pequeño, como hago yo ahora, y hoy es el mejor técnico del mundo.
¿Toma usted una brasa?
Hubiera preferido empezar en igualdad de condiciones con los demás equipos, pero nunca en mi vida he tenido un reto fácil.
“Espero ganar el primer partido. Como estamos trabajando, creo que a mediados de la temporada se verán los resultados”.
¿Lo tranquiliza el aporte de experiencia de José Francisco Porras y de Wílmer López?
Confío, sobre todo, en la gente que está. Y en ese sentido siento que contamos con una buena mezcla de juventud y experiencia.
¿Cómo recuerda sus anotaciones en tres Mundiales?
Jugar en tres Mundiales (dos de selecciones y uno de clubes) y anotar en todos, es lo más grande que alcancé en mi carrera.
¿Le dejó amigos el futbol?
Muchísimos, tanto que nombrarlos sería interminable.
¿Tuvo o tiene detractores?
No, salvo algunos periodistas que lo sacan a uno de sus casillas. La prensa hace su trabajo, pero hay gente que es malintencionada.
“Cuando un jugador se procura un lugar y adquiere importancia, provoca mucha envidia.
“No sé por qué pasa eso. En cambio, en otros países los jugadores son muy apreciados, mientras que aquí, apenas alguien comienza a surgir, como que lo quieren bajar.
¿Sufre maltrato de la prensa?
No, lo que digo es que hay gente, en el gremio de la prensa, que es muy malintencionada.
¿Cómo visualiza nuestra suerte en la eliminatoria al Mundial?
Será complicada. Si analizamos individualmente a la Selección Nacional, siento que no pasamos; pero si se trabaja bien el rendimiento colectivo, sí clasificaremos.
Mediodía del sábado en Montecillos. Lentamente, los jugadores de Carmelita abandonan el campo; unos en sus vehículos; otros a pie.
Un equipo nómada acaba de finalizar su sesión de práctica. Guardo la grabadora en mi bulto, mientras observo por última vez a Rónald Gómez, quien siguió ahí sentado, en el sitio de la entrevista.
La Bala no es un hombre elocuente, aunque sí concreto y sincero, a pesar de su actitud cortante.
A distancia, la silueta del exjugador infunde respeto. Por esfuerzo. Por trayectoria. Porque nadie, ni aquí ni allá, le regaló nada. Colaboró el redactor Rodrigo Calvo.