Rom Akerson sueña con un podio en el Mundial Xterra el próximo domingo. Lo piensa para él, pero también para Costa Rica, el país del que se siente hijo, aunque su documento de identidad diga otra cosa.
El triatleta más constante en este tipo de pruebas (ciclismo de montaña y trail running) nació en Seattle, Estados Unidos, pero llegó al país siendo un niño.
Se instaló en playa Tambor, Puntarenas, con sus papás y ocho hermanos. Sus dos hijos nacieron en Costa Rica y su vida deportiva también la hizo aquí.
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Por eso, aunque al hablar se delata como extranjero, Rom se siente tico y lo dice sin dudarlo.
Cuando lo nombran por altoparlantes en una carrera internacional, indican que es de Costa Rica. El domingo llevará la bandera tricolor en su número como prueba de esa identidad, pese a vestir el uniforme de su equipo, Coopenae.
En este caso es así porque se trata de un evento privado. Sin embargo, en el campeonato de la Unión Internacional de Triatlón (ITU) se ha puesto la indumentaria con los colores rojo, azul y blanco.
Lo puede hacer de esa forma porque la encargada de inscribirlo es la Federación Unida de Tratlón (Feutri) y automáticamente se toma como corredor de dicha entidad, la cual representa el triatlón costarricense.
En las únicas competencias que no puede representar al país es en el ciclo olímpico y aunque debido a eso quiso nacionalizarse, fue un intento fallido.
La Feutri ha estado interesada en que lo hiciera. En 2012 hicieron el proceso, pero según Akerson en un momento dado tenía que entregar unos papeles firmados, pero no estaba en el país y perdió la cita.
"Cuando pasó eso no puse más atención, comencé a correr por mi parte, con Xterra y mundiales", comentó.
Eso sí, Akerson resiente que nunca le hayan dado becas deportivas, pese a que cree haber tenido el nivel para contar con alguna de ellas.
A sus 33 años ya no se imagina buscando un proceso de ciclo olímpico y sigue enfocado en el sueño pendiente: un podio a nivel mundial.
En Xterra estará por novena ocasión y se ha mantenido en el top diez. La única vez que entró tercero fue en su primer Mundial en 2006, pero en categoría sub-23.
De aquella ocasión recuerda haberse dejado la medalla sobre el pecho todo el día, incluso cuando viajó de una ciudad a otra, en Hawái, donde se realiza esta competencia.
“Ahí dije que debería enfocarme más en Xterra. No tenía equipo, ni entrenador, menos patrocinadores, solo apoyo familiar. En esos tiempos le nace el amor al deporte”.
Las imágenes de esa presea le vienen a la mente y le dejan claro que desea repetir esa sensación.
“Sería genial, me encantaría poder hacerlo y daré mi mejor esfuerzo ese día”.
