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La historia de 15 guerreros que forjaron su carácter mediante el dolor y cumplen sueño mundialista en el fútbol para amputados

Los seleccionados costarricenses empiezan su participación en la Copa del Mundo México 2018 este domingo. Ellos vencieron el dolor y el sentimiento de impotencia

Los malos recuerdos, la tristeza y el sentimiento de impotencia quedaron atrás.

El dolor por las heridas en las cirugías se cambiaron por esfuerzo, dedicación y sacrificio para alcanzar sus metas e integrarse a la Selección Nacional de Fútbol para Amputados, que toma parte en el Mundial de Guadalajara, México, del 24 de octubre al 5 de noviembre.

Quince jugadores retaron el destino, se olvidaron de sus discapacidades y demostraron que con valor y entrega cualquier anhelo se puede lograr. No importa la edad o la procedencia, lo que finalmente importó fue la determinación para vencer las barreras.

De las manos del entrenador Jahnny Flores y los asistentes Hárold Villalobos y Joel López, los futbolistas cumplirán su sueño de asistir a una Copa del Mundo, no sin antes experimentar momentos de mucho dolor, que forjaron su carácter y les ayudó a no claudicar por su metas.

La Tricolor, que integra el Grupo C y que este domingo se medirá con Polonia (4 p. m.), el lunes con Japón el 29 (3 p. m.) y finalmente el martes ante Colombia (5 p. m.), tiene a un grupo de guerreros que narraron su historia de superación que los define como triunfadores de la vida.

El comercio y los pequeños negocios son parte de la vida de Glen Pérez. Siempre activo y decidido a salir adelante, probó suerte con un abastecedor y una verdurería, tras un accidente laboral hace 12 años, cuando perdió el brazo derecho, al ser succionado por una moledora de carne.

Precisamente, una vez en un minisúper de su propiedad, se le acercó un hombre y le propuso jugar al fútbol para amputados. Al principio pensó que era una especie de timo, hasta que vio que a la otra persona le faltaba una pierna. Pasaron tres meses sin que se decidiera y entonces recordó aquella inusual invitación y decidió aceptarla.

“¿Jugar fútbol? Si me falta un brazo, cómo era eso, me pregunté. Pero cuando vi aquellos guerreros corriendo con sus muletas me puse a llorar. Lo que hacían me causó una gran admiración y allí me di cuenta que nada es imposible. Estoy agradecido con Dios el poder estar en la Selección para amputados y representar al país. Es un gran orgullo”, afirmó Pérez.

Glen confiesa que la vida no es sencilla, hay que esforzarse para conseguir las cosas, por lo que recuerda la época en su verdurería, cuando iba al Mercado del Mayoreo, en San José, a comprar frutas y se trasladaba en autobús a Pavas, cargándolas en su muñón, cuidándolas que no se le maltrataran y poder así sacar adelante a su familia.

“Para lograr lo que uno quiere debe esforzarse, no es sencillo, es por eso que ser seleccionado y cumplir los sueños de ir a un Mundial es una gran oportunidad que Dios me dio. Dios es testigo que en enamoré de este proyecto, que no nos dimos por vencido y la recompensa la tenemos hoy a la vista, luego de tanto sacrificio”, explicó Pérez, quien es técnico en computación y reparación de redes.

Un 24 de diciembre, mientras caminaba por el barrio Loma Linda de Desamparados, un automóvil se le acercó en forma inesperada y Carlos Alberto Madrigal pensó que lo iban a asaltar. Es por eso que ante la pregunta: Amigo, ¿a usted le hace falta un brazo, verdad? La sorpresa fue aún mayúscula.

Carlos Alberto perdió su brazo derecho en una accidente automovilístico y por el cual duró tres días en coma. Para salvarle la vida tuvieron que amputárselo. Desde entonces tuvo que aprender a usar su mano izquierda para todo, pero nunca imaginó terminar como portero.

“No olvido la fecha de la anécdota, porque se puede decir que Dios usa personas para sus propósitos. Ese día desconfíe de las personas, hasta que vi uno que tampoco tenía un brazo. Allí me explicaron el programa de fútbol amputados y me dieron el número de Hárold (Villalobos). A mí me gustaba jugar como volante, pero jamás me imaginé que iba a terminar en la portería”, explicó Madrigal.

Carlos Alberto no esconde que los malos pasos lo llevaron a tomar decisiones incorrectas, pero la experiencia que ha vivido desde que se integró al fútbol amputados le fortaleció y aprendió de sus compañeros que todos los obstáculos pueden vencerse, por más difícil que parezcan.

“El testimonio del resto de los jugadores ha sido fundamental para creer que todo es posible. Nosotros mismos no debemos ponernos límites. Esta es una experiencia fabulosa, uno jamás se imaginaría asistir a un Mundial, representar a nuestro país. Estoy soñando con ese momento, porque todos entrenamos muy fuerte”, dijo Madrigal quien labora en un taller de camisetas.

Intentar defender a su familia le costó la pierna derecha a Londres Delgado, al recibir un disparo cuando descubrió a los malhechores intentando ingresar a su hogar en Pavas, de donde es oriundo.

Desde entonces la vida cambió para este agente vendedor, quien con el tiempo aprendió a salir adelante y ser solidario con las personas que habían sufrido alguna amputación, al ser uno de los promotores más importantes de fútbol para amputados.

“Dios sabe por qué hace las cosas. Fueron momentos muy duros, estar herido, pero sabíamos que la familia estaba a salvo. Pese a todo, logramos salir adelante con fe y siempre apoyados por la familia y amigos. El fútbol amputados llegó a mi vida en un momento difícil, pero gracias a él he podido cumplir mis metas, como es el poder clasificar a un Mundial y representar es un gran orgullo”, comentó Delgado.

Londres es uno de los jugadores de mayor experiencia y uno de los capitanes de la Selección. Además compitió en la Copa América en México hace dos años. Él siempre está a la búsqueda de nuevos valores para que se integren a los equipos y hagan deporte.

“Siempre andamos motivando a las personas que han sufrido alguna discapacidad para que se integren a nuestro programa. Pegamos avisos en las ortopédicas o visitamos el Cenare con el fin de hablar con ellos. No es solo la parte física, también es lo emocional porque nos ayuda a reintegrarnos a la sociedad”, puntualizó Delgado, defensor de 43 años.

El dolor era insoportable en su tobillo izquierdo. Desde su accidente de tránsito, en 2004, Román Sánchez no podía caminar normalmente, después de ser sometido a ocho cirugías. Es por ello que tras estudiar su caso, una junta médica decidió amputarle el pie, con el fin de darle mejor calidad de vida.

La decisión fue dolorosa, pero la aceptó. Un poco desanimado, una vez pasada la operación, salió a caminar con sus muletas y un joven se le acercó y le preguntó que si le gustaría jugar al fútbol. Román pensó que era una broma, no le dio importancia, pues solo había escuchado de jugar tenis de mesa o voleibol sentado.

“Días después acepté la invitación y fui a Coronado a verlos entrenar. Desde el primer momento me enamoré de la disciplina. Al principio pensé que era como una mejenga, pero los ‘profes’ me enseñaron que había que tener disciplina, entrenar fuerte y no desanimarse. Como había practicado artes marciales sabía lo que era la disciplina y no me costó integrarme”, comentó Sánchez.

Aquella fuerte decisión de amputarse el pie cambió su vida. Román reconoce que seguramente con sus dos piernas completas no habría podido asistir a un Mundial; sin embargo, Dios no abandona y tiene una misión para cada persona, por lo que hoy se siente bendecido.

“La máxima aspiración de cualquier deportista es asistir a un Mundial, representar al país. Nosotros somos privilegiados porque podemos hacerlo, Dios nos fortaleció para ser un ejemplo y demostrarle a otras personas que sí se puede, que todo es cuestión de actitud y nunca dejarse vencer por las adversidades”, reiteró Sánchez quien labora en un almacén como bodeguero.

Aún recuerda el proceso de Selección Sub-17, donde formó parte del grupo junto a Armando Alonso, Gabriel Badilla (qdDg), Rándall Azofeifa y el arquero Pablo Quesada, entre otros, y la cual era dirigida por Juan Diego Quesada.

Gustavo Molina se llena de orgullo al contar que entrenó en aquel plantel, con la ilusión de asistir al Mundial, aunque al final no quedó en la lista definitiva. Posteriormente se volvió un jugador de canchas abiertas en su natal Pavas, hasta que un accidente de tránsito lo apartó del fútbol, el deporte que lo apasionaba.

“Después de tomar malas decisiones experimenté un proceso de cambios en mi vida. Hace ocho meses me integré al equipo Real Fortaleza y empecé a practicar nuevamente el deporte que amaba de niño. El sueño de jugar al fútbol renació en mí y formar parte de una Selección Nacional, como cuando era adolescente, es algo indescriptible. No tengo cómo agradecerle a Dios esta nueva oportunidad”, aseguró Molina.

Gustavo, quien labora como guarda de seguridad, afirmó que el fútbol para amputados no solo le cambió la manera de ver la vida, sino también su salud, pues ahora entrena y se esfuerza por salir adelante para formar parte de la Sele.

“Dejé de andar en la calle, me dediqué a entrenar y empecé a perder peso. Cuando iniciaron los entrenamientos pesaba 100 kilos y ya estoy en 85. Es un gran esfuerzo el que hemos hecho. Todos estamos ilusionados en formar parte de una Selección Nacional, en defender a nuestro país en una Copa del Mundo. Podré cumplir el sueño que tenía desde niño”, confesó Molina.

A sus 56 años Roberto Méndez es el jugador de mayor edad de la Selección de Amputados; no obstante, su ímpetu y determinación lo llevaron a ser seleccionado y vencer todos los obstáculos que la vida le puso en el camino, tras sufrir un osteosarcoma (cáncer de huesos) en el pie izquierdo.

Roberto, quien pertenece al equipo Real Fortaleza, agradece la oportunidad a sus entrenadores Hárold Villalobos y Jahnny Flores, quienes iniciaron el proyecto y le dieron oportunidad a todos las personas que quisieron participar, sin importar sus condiciones o su edad.

“La discapacidad está en la mente. Yo solo andaba en silla de ruedas no sabía usar muletas, pero desde que empecé a jugar fútbol para amputados parezco un canguro en la cancha. Es una bendición estar convocado a la Selección, porque en mi caso el osteosarcoma fue muy agresivo y se expandió a pesar de la radio y la quimioterapia. De milagro estoy contando el cuento”, explicó Méndez.

Hoy pensionado por invalidez, Roberto comentó que el fútbol para amputados le cambió la vida, mucho después de sufrir la enfermedad, por lo que trata de vivir intensamente cada día y esa ilusión la transfiere a la cancha, donde puso todo para ganarse un puesto para el Mundial.

“Fui bicampeón con mi equipo, en este tiempo practicando este deporte perdí 27 kilos, aprendí cosas nuevas y estoy en una Selección de fútbol. Como dije es una bendición, es algo increíble, porque tenemos una segunda oportunidad y no siempre se logra. Hay que vivir con pasión y disfrutar lo que más te gusta”, manifestó Méndez.

El consejo de un amigo le ayudó a sobreponerse al desánimo y la tristeza a Álvaro Orozco, tras perder su pierna izquierda en un accidente de motocicleta, después de salir de su trabajo en la subasta ganadera en Puntarenas.

Mejenguero de toda su vida, Álvaro se desmotivó tras la amputación, hasta que Daniel Cerdas llegó a buscarlo y lo incitó a probar suerte en el fútbol para amputados y a no darse por vencido. Aquellas palabras y gestos cambiaron para siempre su vida.

“El estar en el equipo y la Selección me ayudaron a ser valiente, a no desesperarme o darme por vencido. Hoy puedo practicar el deporte que me gustó toda la vida, estoy a punto de disputar un Mundial y laboro en el mismo trabajo gracias a las personas que me apoyaron y no me abandonaron en los malos momentos”, recordó Orozco.

Álvaro ahora vive en Abangares con su esposa y cuando debe entrenar con la Tricolor o jugar con el Club Morado, se desplaza en autobús hasta San José, para cumplir con lo que le piden sus entrenadores, pues tiene claro que le espera un torneo de alta exigencia.

“Todos estamos enfocados en dar lo mejor por el país Dios primero. Nunca me imaginé estar en una Selección o asistir a un Mundial. Es una gran experiencia de vida para todos, porque demostramos que cuando se quiere se puede. Que no hay nada que no podamos hacer si nos los proponemos. Es una gran bendición estar en este grupo”, añadió Orozco.

Después de recuperarse de un accidente de tránsito, donde perdió su pierna izquierda, Óscar Quesada siempre tuvo la fe de llevar una vida lo más normal que pudiese, enfrentando los retos que le puso el destino por delante y sin dejarse vencer.

Una de las motivaciones más grandes la encontró en el programa de fútbol para amputados, donde se integró al equipo de LDA FA, lo que le permitió volver a jugar el deportes que más le apasiona en la vida y al mismo tiempo tomar confianza.

“Fue un accidente muy fuerte, pero con la ayuda de Dios logramos superar la mayoría de sus secuelas. El integrarme al fútbol para amputados fue una de las mejores decisiones que he tomado. Somos una familia, nos apoyamos y cumplimos con el sueño de ser parte de una Selección Nacional, que es una de las metas que nos propusimos al empezar en esta disciplina”, aseguró Quesada.

Álvaro trabaja para una empresa colocando fibra óptica, por lo que debe subirse en escaleras y en desniveles para cumplir su labor; sin embargo, ese no ha sido impedimento para cumplir con sus labores y con las prácticas, tanto de su equipo como de la Tricolor, donde es uno de los bastiones del plantel.

“Tanto en mi trabajo como en los entrenamientos siempre hago mi mejor esfuerzo. Dios me dio la oportunidad de hacer lo que más me gusta, como es jugar al fútbol y es una gran motivación. Todos en la Selección nos vemos como una familia, nos ayudamos en todo y nos motivamos. Pocas personas tienen la ocasión de vivir la experiencia de participar en un Mundial”, aseguró Quesada.

Días antes de someterse a la amputación de la rodilla derecha, debido a un osteosarcoma, Jonathan Solano empezó a buscar equipo, tras escuchar de sus amigos la organización de un campeonato de fútbol para amputados.

Jugador del Saprissa en la filial de Cartago, Jonathan no quería dejar de practicar el balompié, incluso durante la dura quimioterapia entrenó con el conjunto Club Morado, para no perder su amor por los colores, a pesar de las nauseas, la debilidad y el cansancio, pues su meta era integrar la Selección.

“La amputación la tomé de buena manera. Dios tiene un propósito para todos. Saber que no era la única persona amputada que le apasionaba el fútbol y quería seguir practicándolo me motivo a seguir adelante, a no desfallecer o rendirme; y más aún cuando se nos dio el reto de poder competir en un campeonato Mundial, es una gran motivación para todos”, aseguró Solano.

Jonathan no esconde que su sueño era jugar con el Deportivo Saprissa en la Primera División; no obstante, poder entrar a la cancha y jugar al fútbol con sus muletas canadienses lo llena de orgullo, así como el poder convivir con sus nuevos amigos.

“Es una nueva oportunidad, es una forma de decirle a las demás personas que todo aquello que nos propongamos, podemos hacerlo, que nada es imposible. Nosotros como miembros de la Selección de Amputados podemos aportarle al país. Aunque me sentía mal durante la quimioterapia seguía entrenando y no quería dejar ir la opción de ser seleccionado”, sentenció Solano.

Hace 16 años en un terrible accidente, Cristian Agüero perdió su pierna izquierda al chocar de frente contra una vagoneta, en la Ruta 32, mientras viajaba en su motocicleta a 100 kilómetros por hora. Sin embargo, desde hace tres años recibió una nueva oportunidad al descubrir el fútbol para amputados.

Cristian es de los más veteranos, de los pioneros de este deporte, que desde su punto de vista, le cambió la vida a muchas personas y las hizo creer y tener mayor seguridad.

“La verdad no sabía que esta disciplina existía en el país. Siempre soñé con ser profesional del fútbol. Es por eso que cuando descubrí este deporte me entregué por entero en cada entrenamiento. Iniciamos el proceso participando en un Torneo Centroamericano en El Salvador, en la Copa América en México y ahora el Mundial”, afirmó Agüero.

El poder desarrollarse en el fútbol para amputados le permitió a Cristian darle un nuevo sentido a su vida y entender que las personas a pesar de sus discapacidades no se pueden dar por vencidas y siempre habrá una oportunidad para salir adelante, siempre y cuando se esfuercen para lograrlo.

“Creo que nosotros damos un mensaje de positivismo. A veces la vida nos pone obstáculos, pero no podemos echarnos a morir. Debemos levantarnos y enfrentar la vida, seguir adelante y luchar porque siempre se nos van a abrir las puertas. En mi caso, pese al accidente juego al fútbol, tengo empleo y soy seleccionado nacional, lo cual me llena de orgullo y satisfacción", agregó Agüero quien labora en publicidad.

No puede negar que era un fiebre del fútbol y al jugar en el alto rendimiento de Limón FC, Víctor Mendoza soñaba con llegar a la máxima categoría.

Sin embargo, sus malas decisiones truncaron su sueño. Años después un accidente, donde colisionó en su motocicleta contra un árbol, a más de 120 kilómetros por hora, le ocasionó perder la pierna derecha.

Con el gusanillo del fútbol siempre en su mente, le hablaron del proyecto de fútbol amputados, por lo que no lo pensó dos veces para integrarse a un equipo en San José e intentar cumplir su sueño de ir a un Mundial.

“Estar en la Selección Nacional de Amputados es más que un sueño. De niño quería jugar con Limón en la Primera División y después del accidente pensé que jamás volvería jugar al fútbol. El poder cumplir hoy el sueño cuando era una persona no amputada, es algo que me llena de orgullo”, comentó Mendoza.

Víctor, en su juventud, no anduvo en buenos pasos, incluso tuvo que pagar por sus errores, pero la vida le dio una segunda oportunidad y supo aprovecharla.

“Todos entrenamos muy fuerte para estar en la Selección Nacional. Es claro que vamos a darlo todo por nuestro país. Yo he tenido la oportunidad de competir a nivel internacional en tres ocasiones, pero un Mundial para un jugador es lo máximo. Nos encontramos preparados y vamos a darlo todo”, afirmó Mendoza, quien hoy vive en San Pedro de Montes de Oca y tiene una empresa de fontanería.

John Jairo Gómez se encontraba deprimido, un poco melancólico en casa. Había perdido su pierna derecha debido a un osteosarcoma, (cáncer en los huesos), tras largas sesiones de quimioterapia y su ánimo no era el mejor.

Un día, su madre vio a un grupo de muchachos, que al igual que su hijo, tenían una amputación, entrenar al fútbol en una cancha, por lo que no dudó en contarle a John Jairo y motivarlo a participar. Fue el inicio de la mejor terapia que pudo encontrar.

“A los 16 años me pronosticaron con el osteosarcoma y empezó la lucha por sobrevivir. La quimioterapia minó mucho sus fuerzas y quizás al verme triste, mi madre me motivo a jugar fútbol. Cuando ella me contó busque información en Internet, quería saber qué era. Pude contactarlos, integrarme a uno de los equipos y mi vida cambio”, recordó Gómez.

John Jairo con la quimio perdió su cabello, es por eso que luce unos dreads para recordar todo lo que pasó y que es un sobreviviente al cáncer.

“Quiero terminar mi bachillerato y deseo seguir estudiando porque es lo principal en la vida, además deseo tener un trabajo estable para ayudar a mi familia. La situación es complicada, pero mi mayor motivación es estar en la Selección para Amputados y poder representar a Costa Rica en el Mundial. No ha sido sencillo el camino, pero seguimos luchando”, aseguró Gómez.

Rafael Porras era uno de los tantos jóvenes en nuestro país que soñaba con jugar en la Primera División, mientras pertenecía a las ligas menores del Uruguay de Coronado, cuando el club militaba en la máxima categoría.

No obstante, un accidente de tránsito acabó con aquella ilusión. Fue entonces cuando apareció su amigo, Jahnny Flores, quien lo invitó a participar en fútbol para amputados y así renació su pasión por el balompié.

“Como el profe (Jahnny Flores) sabía que yo había jugado en Uruguay me contactó. Fui a probar y al principio me sentía un poco torpe a la hora de correr con muletas, porque dos años después del accidente no había vuelto a jugar. Sin embargo esa experiencia cambió mi vida y pude recuperar un vació que queda tras sufrir el percance. Fue como renacer para mí”, explicó Porras.

El analista de sistemas indicó que el volver a correr detrás de un balón y jugar en un equipo, fue su mejor terapia para sobrellevar su amputación y más ahora que podrá representar a Costa Rica en una Copa del Mundo.

“Es lógico que tras perder una pierna uno se siente raro, porque es parte de uno. No es fácil asimilarlo, pero el volver a practicar tu deporte favorito, el poder liberar el estrés del trabajo, del diario vivir y volver a hacer lo que más te gusta y de paso, formar parte de una selección, lo cual es el sueño de cualquier futbolista, es una sensación que no se puede describir”, confesó Porras.

Wílberth Rodríguez confesó que el fútbol no era su pasión, que era normal que siguiera las incidencias del balompié costarricense como aficionado, pero ni siquiera se podía considerar mejenguero.

Paradógicamente el fútbol fue lo que le ayudó a sobreponerse de un accidente de tránsito en Boca Arenal de San Carlos, cuando colisionó en su motocicleta contra otras moto que venían en sentido contrario, al salir de su trabajo. Debido al impacto perdió su pierna derecha.

“El accidente fue hace un año y dos meses. Empecé a jugar para distraerme hace seis meses y la verdad me fue tan bien que hoy estoy en la Selección y voy para un Mundial. Es un orgullo representar al país, no puedo describir con palabras lo que siento. Es un gran compromiso y a la vez una gran motivación”, manifestó Rodríguez, quien es operador de maquinaria agrícola.

Wílmer tiene mu claro que fue el deporte que le ayudó a salir de su depresión, de los malos momentos y es lo que le tiene lleno de optimismo para encarar la vida, a pesar del poco tiempo de su incidente. Incluso el equipo de San Carlos, de la Primera División, le ayudó en su preparación.

“Sinceramente mejengueaba muy poco, no era fiebre, pero ahora le tengo un inmenso amor al deporte. Es una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida. Me ayudo a ver las cosas diferentes, a ser más responsable y más dedicado. Dios sabe porqué hace las cosas y le agradezco el estar con vida y poder asistir al Mundial”, enfatizó Rodríguez.

En el Estadio Alejandro Morera Soto, Joshua Santana se fraguaba una carrera como futbolista en la liga menor de Alajuelense, junto a entonces prospectos como Cristhoper Meneses y Giancarlo González, hasta que sufrió un accidente al ser embestido por un toro en las fiestas de Zapote, que le corneó la pierna izquierda.

A Joshua debieron amputarle la pierna, por lo que desanimado pensó que el fútbol ya no era una opción en su vida, que se esa etapa se había acabado, a pesar de una recomendación en el Centro de Rehabilitación (Cenare) para que intentará retomar su disciplina con fútbol para amputados.

“Fue muy duro para mí. Pensé que el fútbol se había acabado, pero al integrarme al fútbol para amputados ha sido una experiencia muy enriquecedora. Después de estar muy desanimado me propuse intentarlo y gracias a Dios pude alcanzar mis metas con esta nueva disciplina que llenó mi vida y me demostró que nada es imposible, que todo es cuestión de proponérselo”, afirmó Santana.

Joshua señaló que se esforzó mucho para estar en la Selección, para demostrar que podía representar al país y con su ejemplo ayudar a otras personas para que puedan lograr sus metas, a pesar de verlas lejanas.

“Gracias a la asociación alcancé mis objetivos personales, mejoró mi estado anímico y psicológico, pude estudiar y salir adelante en la vida. Esta experiencia me demostró que nada es imposible, que cada uno debe luchar porque para Dios nada es imposible y nosotros somos un ejemplo, al poder asistir a un campeonato Mundial”, aseguró Santana.

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