
Ta y como lo hizo Jordan Spieth, estadounidense de 21 años que hoy es número uno del mundo, el costarricense Paul Chaplet pretende ser golfista profesional a una corta edad.
Este josefino apunta a seguir haciendo historia para el país, cinco días después de convertirse en el primer tico que se corona monarca del Latin American Amateur Championship, disputado en La Romana, República Dominicana.
“La mayoría de golfistas se hacen profesionales a los 25 años, luego de la universidad, pero quisiera hacerlo como Spieth, quien a los 21 ya es número uno. No sabes qué puede pasar, pero se puede”, dijo Chaplet ayer tras un reconocimiento que le hicieron en el campo de Valle del Sol, en Santa Ana.
En dicha actividad, a Chaplet, de 16 años, le dieron un trofeo y lo elogiaron por marcar un hito para el deporte criollo.
“Es muy bonito esto, no tengo palabras para expresar lo que siento. Esto me hace enfocarme aún más en lo que quiero”, comentó el hijo de los franceses Isabel y Yann Chaplet.
Un poco tímido, más bastante elocuente, el adolescente señaló que para alcanzar dicho objetivo comenzará a elegir los torneos según el nivel y la mejoría que ello represente.
“Estoy recibiendo invitaciones a jugar, pero debo ser selectivo, quiero ser profesional y hacerlo de buena forma”, comentó.
Su triunfo en Dominicana le dio boleto directo a la primera ronda del Masters de Augusta, del 7 al 10 de abril en Georgia, Estados Unidos, y chance de hacer la clasificación del Brittish Open y el US Open, además del US Amateur y el Brittish Amateur.
“Se me están abriendo puertas, pero hay que analizarlo; la intención es jugar 11 torneos internacionales de buen nivel y unos nueve en Costa Rica”, añadió.
Uno de estos campeonatos lo finalizó ayer en Valle del Sol, donde acabó subcampeón nacional juvenil, con 304 golpes, superado por Andrés Russi, 297, quien fue su caddy en la isla caribeña.
Sonriente y con el rostro enrojecido por el sol de la jornada, Chaplet apuntó que vislumbra una temporada difícil, ya que cursará el undécimo año en el colegio Saint Mary, en Guachipelín.
Pese a que el futuro siempre es incierto, Paul tiene claro que desea ser profesional pronto.