
Bruna Biancardi y Neymar decidieron abandonar la mansión alquilada en Cotia, en la región metropolitana de São Paulo, tras descubrir que estaban siendo vigilados sin consentimiento mediante cámaras instaladas en la propiedad.
Ambos iniciaron un proceso judicial en mayo contra el propietario del inmueble. Sin embargo, las partes alcanzaron un acuerdo extrajudicial y decidieron archivar el caso, según informaron los abogados de la pareja.
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Desde el inicio del contrato de alquiler, Biancardi aseguró que ella y su equipo fueron objeto de situaciones incómodas.
El propietario y su esposa habrían intentado forzar una cercanía con Neymar, incluso pidiéndole fotografías. Al no lograrlo, informaron que monitoreaban las actividades de Bruna mediante las cámaras de seguridad.
Los propietarios, que inicialmente afirmaron no tener acceso a las grabaciones, utilizaron esas imágenes para acusar a Biancardi de usar indebidamente espacios de la casa.
La situación se agravó cuando se conoció que los dueños de la mansión estaban siendo investigados por lavado de dinero y ocultación de patrimonio.
A lo largo de varios meses, oficiales judiciales llegaron en distintas ocasiones a la vivienda para entregar notificaciones legales.
De acuerdo con la defensa de Biancardi, estos hechos violaron la condición de posesión pacífica del inmueble, un elemento esencial para la validez del contrato de arrendamiento.
Finalmente, las dos partes involucradas resolvieron el conflicto sin intervención judicial.
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