
Hay silencios que aturden más que cualquier grito. En el entrenamiento del equipo de fútbol femenino de Moravia, el aire se siente denso, cargado de una ausencia que quema y las lágrimas no faltan, al extrañar a Tatiana Moya (qdDg).
Hace apenas una semana, el destino le propinó al fútbol nacional un golpe bajo y doloroso, un accidente de tránsito donde la alegría se apagó de golpe ante la tragedia.
Tatiana Moya, la jugadora que iluminaba el camerino con su energía inagotable, ya no está.
Para sus compañeras, el balón hoy pesa una tonelada, pero también lo patean con fuerza, como la propia Tatiana lo hacía y tanto lo disfrutaba.
Mientras eso pasa, para Paul Mayorga, la pizarra táctica se convirtió en un manual de supervivencia emocional. No se trata de ganar tres puntos; sino aprender a respirar de nuevo sin una de sus pupilas e ingeniárselas para levantar a las demás tras tremendo impacto.
El exportero y ahora técnico ha vivido 1.000 batallas en el fútbol, pero ninguna lo preparó para este abismo. Lleva 12 años en el fútbol femenino, ha sido guía, maestro y, para muchas, hasta una figura paterna.
“Día a día tengo que ir buscando las palabras que les ayuden a las chicas a incorporarse, a volver a ser constantes para seguir viviendo. Es la primera vez que afronto algo así. He perdido compañeros, amigos... pero que alguien de mi equipo, bajo mi mando, se vaya así, nunca”, mencionó Paul Mayorga.

Después de la vela el lunes y el funeral que fue el martes, el equipo de Moravia retornó a los entrenamientos y él visualizó esa práctica como un mecanismo de terapia colectiva.
“Lo que intenté fue que se despejaran, busqué hablarles y quitar cualquier sentido de culpa. En estas tragedias, uno se castiga pensando qué pudo hacer distinto para que no pasara”, explicó el timonel.
Tenía el temor de no saber ni qué decirles a las futbolistas, pero ese primer mensaje para ellas le salió del corazón.
“Cuando Dios tiene dispuesto que uno deje este mundo, no hay nada que lo evite. La vida continúa para nosotros, y hay que hacerlo como Tati lo hubiese querido”, fue parte de las primeras palabras que él les expresó.
Paul Mayorga comprende que el duelo no es lineal. Hay días de llanto y días de una “normalidad” que se siente extraña, casi traicionera.
Por eso, les pidió a sus jugadoras que miren a su alrededor, a las familias que sufren al verlas tristes, y que quieren verlas retomar el camino paso a paso.
Molestia y consuelo
También dijo sentirse indignado, porque le faltó ver en la vela y en el funeral de la futbolista a dirigentes que no acudieron a darle el último adiós a Tatiana, ni el pésame a su familia y su equipo.
Le generó mucha molestia que la solicitud de reprogramar el partido siguiente por duelo se le rechazó a Moravia, aunque el partido en sí no se jugó, en vista de Saprissa pidió postergarlo por la cantidad de jugadoras que tiene en la Selección Femenina.
Según él, eso ratifica una de sus luchas, en busca de que a la mujer se le trate igual que al hombre en el deporte.

“Esto es una tragedia para nosotros y para el fútbol femenino. Recuerdo el caso de un exjugador ya retirado del que no diré el nombre, pero el partido se pospuso por su fallecimiento. Era exjugador, pero el equipo estaba muy golpeado. Ahora con Moravia no fue así. No sé si esto pasaba en otro club si la reacción habría sido distinta”, manifestó Paul Mayorga.
Pero a la vez, cree que Tatiana tuvo una misión más, uniendo al gremio, pues dijo que ha recibido llamadas de otros equipos, no solo para dar el pésame, sino para ofrecerse como aliados en campañas de solidaridad y ponerse a disposición para lo que necesiten.
Para el técnico de Moravia, el testimonio de vida debe ser el motor y quiere que el esfuerzo por Tatiana no sea un eslogan vacío o una cinta negra en el brazo por compromiso.
“Quiero que sea algo que lo sintamos, que salga de la boca para afuera, pero que nazca del fondo”, mencionó, con la convicción de quien sabe que la mejor forma de honrar a quien se fue es viviendo con más fuerza.
El equipo de Moravia sigue de pie, pero con el corazón roto. En cada pase, en cada carrera y en cada rincón de ese camerino que extraña los chistes de “Tati”, habrá recuerdos, porque aunque ya no esté físicamente, ella siempre será parte del equipo.
