
A sus ocho años, no hay día en que el pequeño Daniel Alfaro no extrañe a su padre. Anhela un abrazo, unas palabras de aliento o continuar con aquellas charlas sobre su afición por el Deportivo Saprissa, pasión que su papá le inculcó desde muy pequeño.
Desde hace tres años, la vida de Daniel cambió cuando su padre, Trino Alfaro, falleció a causa de un infarto. Aquellas conversaciones sobre el “Monstruo Morado” quedaron inconclusas, al igual que el deseo de estar juntos y compartir más experiencias.
Sin embargo, Daniel guardó en su memoria un deseo que tenía su papá, el cual durante tres años mantuvo aprisionado en su corazón, sin contárselo a nadie, ni siquiera a su madre, Mariela Alfaro. Ese anhelo pudo cumplirlo este sábado, cuando asistió al partido entre Herediano y Saprissa (2-0), en el estadio Carlos Alvarado, de Santa Bárbara.
Su madre aún no puede creer lo que vivió su hijo al finalizar el encuentro, al que asistieron a petición de Daniel.
“Mi hijo cumplió ocho años el 12 de enero y me pidió ir al partido porque quería ver al Saprissa. Deseaba conocer a Kendall Waston y salir a la cancha con él. Me comuniqué con don Orlando Moreira, vicepresidente de Fuerza Herediana, quien me ayudó, aunque me advirtió que era difícil que Daniel pudiera salir a la cancha con Waston”, relató Alfaro.
Mariela asistió al partido junto a su pequeño y el dirigente rojiamarillo le explicó la situación, asegurándole que haría todo lo posible para que, al final del compromiso, su hijo pudiera conocer al “gigante morado”.

Primera vez en el estadio
La madre prefirió no decirle nada a Daniel para no ilusionarlo, ya que comprendía lo complicado del asunto. Ambos observaron el partido y el niño, quien por primera vez asistía a un encuentro de la Primera División en el estadio, estaba feliz, emocionado y disfrutando cada momento.
“Cuando terminó el juego, don Orlando llegó al lugar donde habíamos acordado esperarlo. Tomó a Daniel de la mano y lo llevó al camerino del Herediano. Allí se tomó fotos con los jugadores y los saludó. Luego me lo devolvió y me dijo que esperáramos a que saliera Saprissa, mientras él iba a conversar con Kendall”, explicó Alfaro.
Daniel estaba ansioso y un poco nervioso al ver salir a los jugadores del Saprissa. Entonces, Juan Gabriel Rodríguez, Pingo, masajista del equipo morado, le llevó un jugo y le pidió paciencia, asegurándole que Waston ya iba a salir.
“Cuando Kendall llegó fue un momento mágico. Daniel conversó con él y Waston lo abrazó. Le firmó un autógrafo en una camiseta que llevábamos y, además, le regaló la que utilizó en el partido. La guardó en una bolsita porque estaba mojada. Fueron muy especiales con mi hijo, quien se puso a llorar”, confesó la orgullosa madre.

El deseo de su papá
Al llegar a su casa, en Santa Bárbara de Heredia, Daniel continuó llorando, lo que preocupó a su madre. Fue entonces cuando el pequeño le confesó la promesa que había guardado por años.
“Me dijo que, en una de las conversaciones con su papá sobre el Saprissa, él le comentó su deseo de tener el autógrafo y la camiseta de Kendall Waston, a quien admiraba mucho. Daniel me dijo que siempre había querido conocerlo y obtener su autógrafo para su papá; era una promesa”, relató Alfaro.
Mariela hizo una pausa y añadió: “Daniel nunca me había contado esa plática con su papá. Me sorprendió mucho. Es un niño muy especial que extraña profundamente a su padre. Apenas tenía cinco años cuando falleció, pero lo recuerda mucho. A veces me dice que desea un beso o un abrazo de su papá…”.
Lo primero que hizo doña Mariela este domingo por la mañana fue lavar la camiseta número 4 de Kendall Waston. Una vez seca, Daniel la colocó sobre su cama, sin dejar de mirarla y recordar el encuentro de la noche anterior. Ahora su meta es enmarcarla y colgarla en la pared de su cuarto.
El pequeño, quien este año cursará el tercer grado, bromea con su madre y le dice que es de sangre, saliva y corazón morado, mientras se golpea el pecho con orgullo.
“¡No esperaba ese regalazo de Kendall! Me cae muy bien. Es muy alto, parece un avatar, que mide como tres metros. Pude cumplirle el deseo a mi papá. Ahora me gustaría tener el autógrafo de Mariano (Torres), a quien admiro mucho”, expresó Daniel al ser consultado sobre su encuentro con Waston.
Al preguntarle qué consejo le dio el defensor morado, el niño respondió con total sinceridad:
“Me dijo que no tenía que llorar. Que él también había perdido a su segundo papá, su abuelito, cuando tenía 17 años, y ahora tiene 38. Que hay que ser fuerte. Fue un momento que quedará marcado en mi corazón y será inolvidable”, contó Daniel con sinceridad.

