
A las 6 a. m. del martes 26 de mayo, Gustavo Araya, secretario general de la Federación Costarricense de Fútbol (FCRF), ingresó cuando nadie más había llegado al Proyecto Gol. En San Rafael de Alajuela ya lo esperaba Fernando Batista, entrenador de la Selección de Costa Rica. El motivo era tratar la crisis de indisciplina en el camerino de la Mayor.
Los teléfonos de los personeros del Comité Ejecutivo, liderado por Osael Maroto, no paraban de sonar desde la noche del lunes, cuando explotó en redes sociales el rumor de que uno o varios jugadores de la Selección se habían visto envueltos en un escándalo el fin de semana pasado, en el que incluso hubo balazos.
Ante esto, Araya, como responsable de la conexión entre el Ejecutivo y el resto de la organización federativa, tomó la batuta para esclarecer lo que había sucedido. Comenzaron las llamadas, las citaciones para escuchar a los futbolistas y las reuniones con la presidencia de la Federación, el cuerpo técnico e incluso con la dirigencia de Alajuelense.
Lo primero fue comprobar qué pasó. Para esto se utilizaron todas las fotografías que se hicieron públicas en redes sociales; comenzó así una búsqueda de verdades y versiones. La Federación investigó con el Ministerio de Seguridad, también con la Alcaldía de Montes de Oca y hasta con los dueños de los comercios cercanos a donde se ve el vehículo parqueado.
El primero en pasar a conversar, en una especie de entrevista, fue Alejandro Bran, quien, según conoció La Nación, aceptó que la noche del domingo salió a un bar-restaurante a cenar con un grupo de amigos, entre ellos otros seleccionados. El futbolista admitió que surgió una situación que se tornó violenta y que hubo un incidente relacionado con su vehículo, aunque sin profundizar en muchos detalles.
Bran tenía claro que no seguiría en la Selección y se retiró, por determinación federativa, antes de la primera práctica del martes.
Seguidamente desfilaron otros nombres para conversar con las autoridades federativas: Warren Madrigal, Kenneth Vargas, John Paul Ruiz, Jeyland Mitchell y Josimar Alcócer.
Tres de ellos, que no fueron detallados, aseguraron haber llegado al lugar con el fin de ayudar a un amigo que atravesaba un momento complicado y en el que podía darse algún tipo de escalada más grave.
En medio de las citas personales con los jugadores, el departamento administrativo de la Federación investigaba con el Ministerio de Seguridad y el Gobierno local de Montes de Oca. Además, identificó un negocio de la zona donde estuvieron presentes los futbolistas, por lo que contrastó versiones.
Para el final de la tarde, la Fedefútbol ya tenía claridad sobre gran parte de lo sucedido y, ante esto, tomó la determinación de sumar a Kenneth Vargas y Warren Madrigal a la lista de jugadores desconvocados junto con Bran.
En el caso de Vargas, la decisión también se reforzó por el anuncio que hizo Alajuelense, club que, en la tarde de este ajetreado martes, dio a conocer que quedaba fuera del equipo al igual que Bran.
En el caso de Warren Madrigal, viajó desde Estados Unidos -donde milita en el Nashville SC- para estar solo una noche con la Selección, antes de recibir el castigo.
La tensión y el ambiente pesado se sintieron en el camerino de la Selección de Costa Rica. Las palabras fueron pocas. Fernando Batista dio una pequeña charla y recalcó que la disciplina no se negocia; además, quedaron varias advertencias en el aire. En la Fedefútbol fueron claros en que el grupo no tiene derecho a desviarse: la camisa de la Selección se respeta y quienes la vistan deben estar alineados.
