
Cartago. Si usted revisa la calificación que pusimos a los jugadores de Cartaginés, comprobará que los tres hombres encargados de la concepción del futbol de conjunto recibieron la nota siete; o sea, más que aceptable, ¿verdad?
En buen castellano, esto indica que el equipo de la Vieja Metrópoli planificó ayer el encuentro para imponer su ley sobre el Santos con base en la “filosofía” del pie a pie.
El problema radicó en que la sociedad del toque no sirvió para encender la mecha en las porterías, pues al fin de cuentas, los remates se dieron a cuenta gotas.
En las cabañas de hierro y tejido es donde nacen las emociones tras el vuelo de los arqueros. Porque, vamos, de la dinámica del juego, lo primordial es el remate caliente. Es la pimienta. Es el sabor. Es la sal en la papa.
Entonces, la única anotación del cotejo no fue suficiente para despertar a la clientela e instalar la emoción en las butacas, aunque, ¡por supuesto!, el equipo azul la consiguió en buena lid.
Pero si juzgamos el nivel del espectáculo, la mayor responsabilidad por la calidad del mismo le corresponde al equipo casa que, por definición, estáobligado a buscar la portería rival desde el inicio.
Sin embargo, el visitante también tendría que asumir sus riesgos y encender la chispa en los botines de sus artilleros.
Pero ocurrió que ni uno ni otro respondieron a las expectativas y, en consecuencia, como rezaban las viejas crónicas periodísticas, ayer los guardametas de ambos equipos se dieron “un baño de sol”.
Hubo excepciones, claro está, como aquel trallazo de Enoc Pérez que sacudió el paral de mano de recha de Pablo Camacho (14’), o el acrobático salto del mismo Pablo en el segundo tiempo (63’), ante un obús bien calculado de José Francisco Alfaro, habilitado también por Enoc.
Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío... A veces es mejor el aplauso que el silencio.
La afición brumosa dedicó un minuto de aplauso a la memoria de Flavio Ortega, su antiguo director técnico, fallecido hace pocas semanas. ¡Emotividad y respeto!
Globito a la red. Para reforzar nuestra tesis de que en los hilos de pólvora, faltó chispa que encender, basta recordar la forma en la que se produjo la única anotación.
JoséFrancisco Alfaro incursionó --una vez más-- por el sector derecho, ingresó al área y buscó hacer una diagonal. Le salió un balón globeado que descendió casi junto al segundo palo. Esteban Bolaños cabeceó y el remate, “teledirigido”, derrotó a Pablo, el guardameta.
Tras la pérdida del invicto, el líder retomó ayer la senda. Y parece crecer su esperanza.