San Ramón. Una raya de fuego fulminó en línea recta el vuelo tardío del arquero Donny Grant.
Solo restaba un pálpito de 60 segundos, instantes postreros en los que la posible victoria azul ya se perfilaba, justo al morir la tarde.
Mas, está de Dios que en el futbol hay vida, mientras el juez del silbato no decida lo contrario.
Corría el minuto 89. Ramonense perdía por 1 a 2. Reyner Solano se dispuso a cobrar un tiro libre. La “bala blanca” atravesó la barrera y el fogonazo prendió en la red.
Ramonense 2, Cartaginés 2.
Si ambos querían ganar, el empate fue un justo premio. Cartaginés tuvo la virtud de buscar la victoria como visita. A Ramonense, entre tanto, le cabe el mérito de sobreponerse a sus propios errores y salvó el escollo gracias el trallazo con que Reyner venció a Donny.
Tras un primer lapso discreto, los protagonistas se afanaron en el segundo y la clientela disfrutó de un buen juego en el reducto poeta.
La aparición de Kenneth Vargas y de Andrey Campos en el elenco visitante fue la nota más destacada del encuentro.
Es más, el toque vistoso de Andrey emergió como lo poco atractivo que observamos en la primera mitad. Con su habilidad de pequeña bujía, Andrey se hizo sentir, contrario al lento tránsito de Warren Granados en el mediocampo local.
Pícaro, deseoso y desequilbrante, Kenneth Vargas acabó de marear a la zaga roja y se aprovechó de la inseguridad del arquero Neighel Drummond, quien contagió en la segunda etapa a sus defensores, luego de tres salidas en falso.
Vargas, en los minutos 59 y 89, anotó para Cartaginés, con la asistencia de Andrey Campos en ambos goles, mientras que Alejandro Sequeira (59’) y Reyner Solano (89’), concretaron para los locales.
El dominio en las acciones se lo repartieron a lo largo de los 90 minutos en escenas alternas. A veces corría mejor Ramonense; a veces lucía el pie a pie de Cartaginés.
La imagen más vistosa del primer tiempo fue al 25’. Tras un tiro de esquina, Alejandro Sequeira pescó un centro de volea y... ¡casi!
En el segundo capítulo la trama alcanzó el más alto nivel. Hubo acciones alternas y la ilusión de ganar fue el común denominador.
Por eso, al cierre hubo justicia. Porque, para poetas y azules, la victoria fue un norte. Y la paridad, el caudal que se repartieron.