Por: José Pablo Alfaro Rojas.  16 abril

Hay trofeos que no se recogen en una tarima. El último le llegó al Santos desde Suecia. Un futbolista de la zona, formado en la cantera, había sido llamado a la Selección. La convocatoria de este jugador venía precedida por su participación en mundiales menores y un prematuro debut en Primera.

Ian Smith es el reflejo del progreso del Santos, que ya consigue lo que muchos otros equipos ven de lejos: protagonismo en el torneo local, exportación de jugadores de la cantera, mundialistas menores, participación en los certámenes internacionales y ahora futbolistas con posibilidades de estar en Rusia 2018.

Wílmer Azofeifa, volante santista, debutó con la Sele en la última gira a Europa y ahora lucha por un lugar en la lista de Óscar Ramírez. Fotografía: Fedefútbol.
Wílmer Azofeifa, volante santista, debutó con la Sele en la última gira a Europa y ahora lucha por un lugar en la lista de Óscar Ramírez. Fotografía: Fedefútbol.

De conseguir que alguno de sus jugadores asista a la próxima Copa del Mundo, sería como la cereza al pastel. Como subir todos los escalones para pasar de ser un alumno que se sienta atrás en la clase y no le importan las calificaciones, a transformarse en un estudiante con honores.

Siguiendo con la analogía, Santos pasó de ser el alumno que reprobó, cuando descendió en el 2008, a convertirse en el estudiante ejemplar, que con menos recursos que el resto alcanza iguales o mejores resultados en algunas áreas.

El progreso del Santos se alimenta de una realidad: pese a ser muy bueno en casi todo, aún no logra que la afición llene al estadio y se compenetre con el equipo, aún cuando predomina una base de futbolistas oriundos de la región y de pueblos cercanos.

Ya se dio cuenta Alajuelense, por ejemplo, del talento que se puede proyectar en esta zona y colocó dos canchas para desarrollar una academia formadora de nuevos valores.

El zaguero Pablo Arboine tiene dos mundiales menores sobre sus hombros y ya es un jugador regular en el equipo de Primera. Fotografía: John Durán
El zaguero Pablo Arboine tiene dos mundiales menores sobre sus hombros y ya es un jugador regular en el equipo de Primera. Fotografía: John Durán

Johnny Chaves cree que el éxito reciente de los santistas proviene, en gran medida, del poco desarrollo en infraestructura, o para decirlo más sencillo, no hay centros comerciales grandes que distraigan a los jóvenes, que encuentran en el fútbol su principal distracción.

Todavía nadan en las pozas y los ríos, corren por las fincas y juegan en las plazas que rodean las bananeras, lo que al fin de cuentas fortalece sus habilidades motoras.

La tradición es que en cada finca bananera haya una plaza. Y para Wíllmer siempre había una plaza. Así creció hasta que debutó en Segunda y luego saltó a la Primera División.

"En el barrio hay mucha gente trabajadora pero también mucha drogadicción. El que yo llegara a Primera y al Santos sirve como ejemplo para que la gente de mi barrio vea que sí se puede salir adelante con el fútbol", explicó Azofeifa.

"En Cariari hay muchas fincas bananeras, hay muchas plazas de fútbol y se practica mucho deporte. Solo hay que ir a buscar los talentos. Ahí están", dijo Azofeifa.

Y en parte, esta es la filosofía que predica el Santos. Todavía les cuesta captar a los futboleros para que se consideren “santistas de corazón”, pero al menos la comunidad ya percibe al equipo como una ventana para que los más jóvenes puedan salir adelante.

A la fecha, exportaron a Smith. El camino de Azofeifa parece llevar a la misma ruta y también hacen lo posible por mover a Alexis Gamboa, seleccionado Sub-20, y Pablo Arboine, mundialista infantil y juvenil.

Johnny Chaves, quien ha trabajado en otras zonas rurales como San Carlos y Pérez Zeledón, reconoce que la calidad pasa por la cantidad de niños y jóvenes que le toman el gusto al fútbol. Las distracciones son mínimas en Guápiles y el talento florece sin grandes esfuerzos.

Johnny Chaves empezó su proceso con los santistas hace tres años. Fotografía: Rafael Pacheco.
Johnny Chaves empezó su proceso con los santistas hace tres años. Fotografía: Rafael Pacheco.

Desde hace tres años, cuando Chaves y la directiva plasmaron en el papel el proyecto que hoy ve sus frutos, se incentivó la necesidad de proyectar a los jóvenes para venderlos y conseguir ganancias que les permitan sostener el equipo y mejorar la competitividad.

Como no se puede competir con Saprissa, Alajuelense y Herediano en cantidad de afición, la premisa es convertirse en una máquina de exportación de futbolistas.

Chaves cree que ‘pegar’ un mundialista les permitiría subir el último escalón para entrar a las ligas mayores: que los agentes los tomen en serio y coloquen a sus jugadores fuera del país, sin necesitar del trampolín que ofrecen morados y manudos, mucho más conocidos.

Diálogos: Johnny Chaves analiza el momento del Santos de Guápiles.

El jugador de esta zona es rápido, habilidoso y técnico. No muy alto, pero con hambre de surgir. Está acostumbrado a trabajar desde muy joven para colaborar con el hogar.

Ahora, la premisa de los santistas es capacitar a la mayoría de entrenadores de liga menor para formar mejor a los talentos y que no suban a Primera con limitaciones técnicas.

"Hay que enriquecer la academia. A veces los entrenadores se preocupan mucho por el resultado y lo más importante es formar a los muchachos", explicó Chaves.