Luis Edo. Díaz. 24 abril, 2007
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Santacruceña, equipo que descendió definitivamente este fin de semana al futbol de la Segunda División, tuvo un desempeño catastrófico y se convirtió en el club más malo del futbol nacional en los últimos 10 años.

Los guanacastecos consiguieron un decepcionante 16,6% de rendimiento a lo largo del campeonato, una cifra que bien podría decirse es de las más bajas en la historia del futbol tico.

En 32 jornadas que disputó solamente pudo sacar victoria en tres oportunidades.

El equipo pampero estuvo muy por debajo del rendimiento de otros descendidos en años anteriores.

Su 16,6% de efectividad desbancó el anterior peor descenso a la Segunda que ostentaba Ramonense, oncena que apenas ganó en el 2006 el 22,9% de los puntos que disputó, el balance más bajo que existía desde el año 1997.

Detrás de pamperos y poetas, Osa es el equipo que ocupa ese tercer desastroso lugar en la década. Los de la península bajaron de división en el 2003 con un 23,4% de rendimiento.

En cambio, otros clubes que cayeron a la Segunda, como Goicoechea (1999-2000) y San Carlos (2003-2004), lo hicieron con el doble de rendimiento que los santacruceños, con 36,3% y 36,6%, respectivamente, aunque contaron con 12 partidos de más para enderezar el rumbo (ver recuardo).

Un yerro tras otro. Lo sucedido en el cuadro pampero tiene sus raíces desde antes del inicio de la temporada.

No había comenzado la competición oficial y los jugadores entraron a huelga por atraso en el pago de los salarios.

La Junta Directiva tuvo que arreglársela para pagar, pues los jugadores amenazan con no presentarse ni siquiera al primer partido ante Pérez Zeledón.

El técnico de ese entonces, el uruguayo Alejandro Larrea, tuvo que enfrentar la situación y comenzar el campeonato casi sin fogueos, si acaso con equipos aficionados de la provincia.

La era de Larrea terminaría en la jornada 11, donde había conseguido tres empates y nada menos que ocho derrotas. Su salida del club fue impostergable.

Para agravar la situación, la Directiva decidió en ese entonces castigar a los jugadores con la retención del 30% de los salarios.

Tras Larrea llegaría Henry Villafuerte, un técnico al que la Directiva catalogó como “de la casa” y que “conocía bien al equipo”.

Su paso fue sin pena ni gloria, cuatro derrotas sentenciaron su destino fuera del equipo.

Llegó el Clausura y con él Santacruceña estrenaba técnico, el español José Ramón Vecinos, proveniente de Panamá.

El nuevo técnico aplicó el bisturí para renovar el plantel y en total salieron nueve jugadores y llegaron otros tantos para suplir todas las plazas vacantes.

La historia y el desempeño del equipo no cambiaría para nada con respecto al Apertura.

José Ramón Vecinos, y el cuadro en sí, tan solo verían la victoria ante Carmelita y San Carlos, dos equipos que comparten los últimos cuatro escalafones de la tabla general.

El resto de la historia ya es del conocimiento popular: Santacruceña nunca logró levantar cabeza y siempre estuvo hundido en sus propias redes.