Dos partidos jugados en nuestro feudo contra Panamá (puesto 81 de la FIFA)… sendas derrotas por 1-0.
Partido contra la Selección Vasca (un equipito que no puede sino jugar amistosos, y no tiene derecho a competir en torneos oficiales)… derrota por 2-1.
Encuentro contra Qatar, (lugar 55 del escalafón de la FIFA)… empatito 1-1.
Tres derrotas y un empate. Cinco goles en contra, dos a favor. Ese ha sido el deslumbrante, meteórico, avasallador desempeño de nuestra épica Selección durante el anno Domini 2020. Ronald González anuncia que no quiere seguir jugando amistosos si no están presentas todas las “estrellas”. Antes bien, esta sería la circunstancia ideal para probar a jugadores ajenos al jet set, la pasarela, la vitrina, la vulgar farándula de nuestro glamorizado futbolillo.
¡Y pensar que en 1974, hace ya 46 años, Cruyff declaró: “El principal objetivo del fútbol total es lograr que en un equipo nadie sea imprescindible”! Y ese ha sido, en efecto, el esfuerzo de los cuadros y selecciones del primer mundo. En el fútbol total cada jugador construía, defendía, jugaba sin balón, se desmarcaba, recuperaba pelotas, subía al ataque, bajaba a la defensa, desbordaba por las puntas, definía por el centro, corría las bandas… Fue una revolución futbolística como el mundo no ha vuelto a ver. Solo a Costa Rica no ha llegado. Llevamos un retraso táctico de casi medio siglo: cinco generaciones. Según González, no vale la pena jugar fogueos sin los “imprescindibles”… el pobre hombre pertenece a la era pre-Cruyff de la historia del fútbol. Es una persona tardígrada.
¡Ah, qué falta de cultura histórica del fútbol, la que padecen nuestros técnicos! Para ellos, el balompié sigue siendo cuestión de darle patadas a una bola de cuero sintético. ¿Su historia, su desarrollo táctico a través de los tiempos? Eso es para los “habladores de paja” como yo. No saben de otra cosa que no sea el fútbol… y lo triste es que ni de eso saben.