Fútbol Nacional

Opinión: Marco Rojas al Salón de la Fama

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El año es 1977. Saprissa y Cartaginés disputan la gran final. Sería el sexto título del glorioso hexacampeonato morado. Un jugador cartaginés ve al portero Marco Rojas adelantado. Lo baña con un globito, una de esas vaselinas que por su nombre sugieren algo inocuo, pero que son una puñalada al corazón de cualquier equipo. Vi el balón proyectado por el atacante, y me dije: “Ni modo: gol de Cartago”. A menos de que se modificaran los postulados de la geometría euclidiana, y se refutara la física einsteniana y sus complejas ecuaciones sobre el espacio-tiempo, aquel insidioso disparo cóncavo, parabólico, hipócritamente inofensivo, sería gol. Su autor comenzó a celebrarlo. Su afición seguía, extática, el curvilíneo decurso de la pelota, en cámara lenta…








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