Danilo Jiménez. 23 agosto

Perjudica a todos por igual: grandes y chicos, ricos y pobres. La impericia arbitral no discrimina. Se volvió pandemia y no hay equipo que se salve de sus errores groseros.

Con razones fundamentadas, entrenadores y presidentes de clubes ven en cada Comisión de Arbitraje una suerte de factoría experta en hacer las cosas mal, como lo patenta cada juego.

Jafet Soto, técnico y gerente del Team, descargó su verbo filoso: da igual si está Ricardo Cerdas u Óscar Alfaro. Gobiernan los problemas administrativos, técnicos y de aplicación del reglamento.

Ahora se le sumó Martín Arriola, timonel cartaginés, con su estadística propia de yerros arbitrales que se ensañaron con los azules el torneo pasado y lo que llevamos de este.

Hay que discernir cuando un estratega se escuda en los silbateros para tapar lo que hace mal y cuando le asiste la razón, como en este caso, pues dan vergüenza las pifias de los silbantes.

A Cartaginés lo perjudicaron los árbitros ante Santos, Jicaral, Pérez Zeledón y por partida idéntica a Saprissa, en el último y vibrante encuentro de la semana pasada.

El coctel es explosivo: los árbitros se abstienen de pitar penaltis, abortan jugadas lícitas de gol porque los embaucan sus asistentes, se hacen de la vista gorda en faltas que merecen expulsión y hasta un futbolista que vio la roja sigue jugando como si nada unos minutos.

Lo inadmisible es que el tiempo pasa y la Comisión de turno se hace de la vista gorda: no hay planes correctivos, escasea la autocrítica, y, lo peor, insisten en nombramientos de jueces que convirtieron el error en su signo distintivo.

Si un árbitro se equivoca y repite en la jornada siguiente está legitimando el mal, su impericia y enviando un mensaje deplorable al fútbol.

Esta semana, en la sección deportiva de Noticias Repretel, revelaron una estadística escalofriante: 462 errores arbitrales graves desde el Verano 2017 a la fecha.

En otra nota, fueron a buscar al señor Alfaro y no habló, como si el silencio enmendara cuando se impone, primero, dar la cara, y, después, aceptar la responsabilidad y hacer, al menos, un propósito de enmienda.

Ya no es solo Jafet el que se queja, con razón sobrada, porque junto a Cartaginés los florenses son los más perjudicados con esta metástasis que revienta en cada partido.

La lista se llena de nombres como engorda, también, la estadística de errores gruesos partido a partido.

El arbitraje está en la calle y ni pena les da.