Perjudica a todos por igual: grandes y chicos, ricos y pobres. La impericia arbitral no discrimina. Se volvió pandemia y no hay equipo que se salve de sus errores groseros.
Con razones fundamentadas, entrenadores y presidentes de clubes ven en cada Comisión de Arbitraje una suerte de factoría experta en hacer las cosas mal, como lo patenta cada juego.
Ahora se le sumó Martín Arriola, timonel cartaginés, con su estadística propia de yerros arbitrales que se ensañaron con los azules el torneo pasado y lo que llevamos de este.
Hay que discernir cuando un estratega se escuda en los silbateros para tapar lo que hace mal y cuando le asiste la razón, como en este caso, pues dan vergüenza las pifias de los silbantes.
A Cartaginés lo perjudicaron los árbitros ante Santos, Jicaral, Pérez Zeledón y por partida idéntica a Saprissa, en el último y vibrante encuentro de la semana pasada.
El coctel es explosivo: los árbitros se abstienen de pitar penaltis, abortan jugadas lícitas de gol porque los embaucan sus asistentes, se hacen de la vista gorda en faltas que merecen expulsión y hasta un futbolista que vio la roja sigue jugando como si nada unos minutos.
Lo inadmisible es que el tiempo pasa y la Comisión de turno se hace de la vista gorda: no hay planes correctivos, escasea la autocrítica, y, lo peor, insisten en nombramientos de jueces que convirtieron el error en su signo distintivo.
Si un árbitro se equivoca y repite en la jornada siguiente está legitimando el mal, su impericia y enviando un mensaje deplorable al fútbol.
Esta semana, en la sección deportiva de Noticias Repretel, revelaron una estadística escalofriante: 462 errores arbitrales graves desde el Verano 2017 a la fecha.
En otra nota, fueron a buscar al señor Alfaro y no habló, como si el silencio enmendara cuando se impone, primero, dar la cara, y, después, aceptar la responsabilidad y hacer, al menos, un propósito de enmienda.
Ya no es solo Jafet el que se queja, con razón sobrada, porque junto a Cartaginés los florenses son los más perjudicados con esta metástasis que revienta en cada partido.
La lista se llena de nombres como engorda, también, la estadística de errores gruesos partido a partido.
El arbitraje está en la calle y ni pena les da.