
Vestido casi para un funeral, Rónald Gómez ingresó al banquillo de impecable –y calientísimo– traje negro a dirigir a su equipo.
El sol directo y radiante no ayudaba en nada para que el estratega de Carmelita se sintiera relajado; de modo que su indumentaria oscura parecía, más bien, un presagio de lo que podía ocurrir si su plantel naufragaba una vez más.
Y es que antes del pitazo inicial, los fríos números anticipaban la inminencia de una debacle, en el caso de que la derrota se produjera.
Sin embargo, sucedió lo contrario. Carmelita se empinó y sacó una victoria de alto valor, entre otras razones porque, lo mejor de la adversidad, es la inyección del coraje.
Ramonense no fue el equipo de otras fechas. Tal vez sus jugadores entraron agrandados; o quizás no le tomaron bien el pulso al partido.
El equipo sorpresa del campeonato no tuvo en cuenta que no hay nada más peligroso que enfrentar a un adversario herido de muerte.
En consecuencia, mientras los poetas tuvieron que apurar el trago amargo de su inesperado traspié, los hombres del sudor verdolaga sumaron tres puntos vitales que les permiten, inclusive, alimentar la ilusión, no solo de evadir el descenso (están a cuatro puntos de la UCR), sino de clasificarse.
Vamos al partido. Las primeras acciones comenzaron a hacer crecer una evidencia. Por un lado, Carmelita asumió la iniciativa. Por el otro, ni Warren Granados, el cerebro de los poetas, ni Jorge Davis, su principal escudero, habían llegado en una buena jornada.
Entre tanto, Wílmer López, libre de marcas, empezaba a tejer los primeros trazos. El Pato abrió un buen pase a Roy Ramírez. Roy elevó un centro. Nítido, sin presión, el salto de Olman Vargas convirtió un testarazo en bólido y red. 1 a 0, al 30’.
En la segunda etapa, el rostro desencajado de Marco de Cerqueira, entrenador ramonense, representaba por instantes un retrato del papel desteñido de sus pupilos.
En un momento, cerca del final, Cerqueira le llamó la atención a Warren Granados. De lejos, el telentoso mediocampista no hizo más que levantar los brazos en actitud resignada, única respuesta al reclamo de su director técnico.
En el último trecho del duelo, Rónald Gómez decidió cerrar portillos y dispuso defender la mínima ventaja, que parece oro puro cuando se sufre en los bajos fondos.
Tiro de gracia. Lógicamente, urgido por la necesidad de empatar, Ramonense se fue adelante, pero sin tomar las debidas precauciones en su línea defensiva.
Alexánder Rodríguez metió un pase a Olman Vargas, quien se montó en la opción del contragolpe y venció otra vez a Carlos Díaz con un remate cruzado. 2 a 0.
Una salida apuradísima del arquero José Francisco Porras, a tres minutos del cierre, provocó una clara falta de penal.
Rodrigo Cordero, el más esforzado de los visitantes, erró a dos tiempos el remate desde el punto fatídico. El guardameta Porras rechazó el disparo y el Rocky voló a las nubes el contra remate (87’).
El juez silbó el pito largo y los hombres de Carmelita se abrazaron. Con nobleza, el señor Cerqueira saludó a sus rivales. Y los poetas abandonaron el campo.
Entre tanto, el timonel verdolaga por fin se quitó el saco. Rumbo al vestuario, atendió a la prensa.
Se le veía contento, aunque no del todo satisfecho pues, como él mismo expresó: “¡Ganamos, sí; pero todavía seguimos ahí!”