José Pablo Alfaro Rojas. 28 diciembre, 2017

Josué Mitchell se enteró de que su padre tenía cáncer de pulmón cuando se disponía a iniciar la pretemporada con Pérez Zeledón. Según el diagnóstico médico, el cáncer cubría un 10% del órgano respiratorio. La carrera de Josué también estaba en cuidados intensivos.

El delantero fue separado de los últimos tres clubes que representó porque no metía goles, y en tierras generaleñas apenas lo firmaron por seis meses. Unos torneos atrás, en el 2015, había decidido denunciar a ‘PZ’, aduciendo que lo despidieron del club cuando aún estaba lesionado.

Josué Mitchell celebra una de sus 11 anotaciones en la campaña. Fotografía: Mario Cordero
Josué Mitchell celebra una de sus 11 anotaciones en la campaña. Fotografía: Mario Cordero

Un día, de visita en San Isidro de El General, se encontró a José Giacone en una cevichera. Se saludaron y luego el técnico, quien lo dirigió en Belén, le propuso regresar al equipo.

Tuvo que quitar la demanda como parte de la negociación con el club, en un estira y encoje que por poco termina en nada. No había salido ningún otro pretendiente y la oferta generaleña apareció cuando ya sentía que su carrera empezaba a agonizar.

Su esposa y su hijo viven en Pérez Zeledón, recién habían iniciado la construcción de la casa y la posibilidad de continuar en el Valle del General apareció como un bálsamo.

"Vi Pérez Zeledón como la última opción que me quedaba de seguir jugando en Primera División", cuenta Mitchell.

En ese inicio turbulento, cuando su papá lo sentó en el sillón de su casa en el barrio Limón 2000 y le dijo que tenía cáncer, Mitchell sintió que había llegado el momento de meter goles.

Lo que no le pasó por la cabeza es que cinco meses después estaría celebrando un título, al mismo tiempo que la extensión de contrato por año y medio con ‘PZ’, después de finalizar como goleador sureño con 11 anotaciones.

Nunca había marcado más de cinco goles en una misma campaña.

Y con las celebraciones vinieron las oportunidades. Hoy su representante negocia un contrato en la MLS, aunque la opción todavía está por verse.

Mitchell celebra la anotación que le marcó al Santos de Guápiles en la fecha 12. Fotografía: Mario Cordero
Mitchell celebra la anotación que le marcó al Santos de Guápiles en la fecha 12. Fotografía: Mario Cordero

Al verlo en retrospectiva, Mitchell confiesa el motivo de su buena racha goleadora. Fue después de su primer gol, el domingo 13 de agosto ante Carmelita, cuando llamó a su padre y lo escuchó sonreir al otro lado del teléfono, aún adolorido por las sesiones de quimioterapia.

El delantero comprendió que cada gol servía como medicina para don Alfonso Peter Mitchell, un exjugador de Limón que celebró el título dando brincos frente al televisor.

El último examen médico determinó que el cáncer le disminuyó y ahora solo cubre un 6% del pulmón. También ha subido de peso como resultado de su mejoría.

"Es que estaba bien flaco", cuenta Mitchell.

Don Alfonso siempre le pedía a su hijo lo mismo: “Remate cada vez que pueda, una de todas entra". Y así fue: disparó muchas veces y en 11 ocasiones el balón se metió en la puerta.

Mitchell gana el balón en las alturas, mientras es marcado por Rándall Azofeifa. Fotografía: José Cordero
Mitchell gana el balón en las alturas, mientras es marcado por Rándall Azofeifa. Fotografía: José Cordero

Los goles vinieron por añadidura, dado que el timonel José Giacone lo trajo al equipo sin pensar que se convertiría en el romperredes del club. En Belén solo había marcado un gol cuando lo dirigió por primera vez, pero cumplía una faceta que consideraba valiosa.

"Al profesor le gustaban los delanteros altos, que hicieran el trabajo sucio de ganar arriba en el juego aéreo para dejarle el balón a los volantes”, explicó Mitchell.

Las anotaciones llegaron por convicción propia, con la motivación de darle una alegría a su padre y retomar el ímpetu del joven futbolista que se cansó de meter goles en sus años de juventud.