Fanny Tayver Marín. 13 julio
A Rafael Alfaro era muy común verlo en el Estadio Alejandro Morera Soto, tanto en partidos, como en asambleas. Fotografía: Manuel Vega / Archivo LN
A Rafael Alfaro era muy común verlo en el Estadio Alejandro Morera Soto, tanto en partidos, como en asambleas. Fotografía: Manuel Vega / Archivo LN

A los 88 años, este lunes falleció Rafael Alfaro Vargas, quien fue presidente de Liga Deportiva Alajuelense en 2006.

En aquel momento relevó en la silla presidencial rojinegra a Rafael Ortiz, quien finalizaba un periodo de cuatro años. Alfaro ganó la elección con once votos más que Rolando González.

Según recuenta La Nación, ese 25 de noviembre del 2006, 584 socios rojinegros participaron en la votación, donde también estuvo postulado Longino Soto, quien al igual que González, abandonó rápidamente el recinto manudo, tras conocerse el resultado a favor de Alfaro.

Cuando ganó esa elección, Alfaro tenía 75 años y en ese momento era el presidente de la Mutual Alajuela. Como dirigente liguista había sido vicepresidente con Mario Chacón Soto y con Rafael Solís.

Dieciocho meses después presentó la renuncia a la presidencia de la Liga y la junta directiva se la aceptó de forma unánime.

Alfaro adujo razones familiares, pero ese 5 de junio del 2008, el vocero de la directiva de ese entonces, William Cordero, indicó a este medio que “el tema de Bryan Ruiz tiene que haber pesado”.

En ese mismo artículo se explica que el ‘tema Ruiz’ al que alude el vocero, se refiere a la cesión que, aparentemente, realizó Alfaro del porcentaje que la Liga debía recibir en caso de que el Gent de Bélgica lo traspasara a un tercer equipo.

La renuncia a ese porcentaje se dio a cambio de un monto que oscilaría entre los $170.000 y los $185.000.

A finales del 2015, Rafael Alfaro explicó en everardoherrera.com que a él le ‘hicieron una zancadilla’ a la hora de la transferencia.

“Me hicieron una ‘zancadilla’ y me fui ‘de pollito’. Debimos percibir más dinero en esa transacción, pero con lo que nos dieron por Ruiz pagamos lo de tributación”, aseguró el exjerarca de la Liga en ese medio.

El problema era serio, porque Alajuelense renunció a un porcentaje que hubiese significado más ingresos por un jugador al que se le proyectaba mucho futuro y que era probable que estuviera en varios clubes, como sucedió.

También es cierto que en aquella época la situación del club era crítica en cuanto a sus finanzas y que sanearlas fue una de las tareas de Jorge Hidalgo, quien era vicepresidente y relevó a Alfaro cuando él presentó su dimisión.

“Dirigente incansable, tuvo que hacerle frente a una crisis financiera que impidió que la Liga mantuviera el paso de otras instituciones”, describió José Antonio Pastor Pacheco sobre Rafael Alfaro, en el libro oficial de Liga Deportiva Alajuelense.

En el fondo, don Rafa, como le llamaban todos en el club, siempre se mantuvo firme en que las decisiones tomadas se dieron porque consideró que eran lo mejor.

“Había mucho desperdicio. Gente de más, jugadores que ganaban mucho más de la cuenta. Ahí fue cuando hicimos un plan estratégico y comenzamos a ordenar y limpiar ciertas cosas. Redujimos gastos y facturas a nombre del equipo. En reuniones dividíamos las cuentas y cada quien pagaba lo suyo”, reseñó Alfaro en everardoherrera.com.

Y añadió: “Hubo jugadores que tenían un salario muy alto y se creían indispensables. Me tocó decirles que de esta institución se han ido jugadores importantes, en su momento como Carlos Alvarado, Juan Ulloa, el ‘Indio’ Buroy y muchos más y la Liga aún existe sin ellos. Si se iban, el equipo no iba a dejar de existir”.

Las cosas parecían salirse de control y su familia una vez lo puso a escoger, entre ellos o la Liga y él respondió que no le hicieran eso, porque dejar al club sería una cobardía.

Pasó el tiempo y en los últimos años era común verlo junto a Gilbert El Brujo Castro y a Carlos Aguilucho Alvarado presenciando la mayoría de partidos de la Liga, a ras de la cancha, por el sector sureste.

“No me arrepiento de haber sido presidente de Alajuelense, es algo que llevo desde siempre y lo llevaré toda mi vida. Esto es una pasión que no se muere hasta que uno se muera”, había comentado Alfaro en everardoherrera.com, unas palabras que hoy sirven de fortaleza para su familia.

Él fue al Estadio Alejandro Morera Soto siempre que pudo, porque en las alegrías y las tristezas, en las derrotas y las victorias, estar ahí, siempre al lado de la Liga, era algo que lo hacía feliz.