En Costa Rica hay futbolistas de 14 años que ya le 'pertenecen' a un representante. Los padres, como figuras legales de los menores, firman un contrato que permite a los intermediarios exponer al joven y negociar un posible contrato con un club del exterior.
Este vínculo firmado por ambas partes le garantiza al representante una tajada económica en caso de la posible venta del joven en el mediano plazo, cuando cumpla la mayoría de edad. A este muchacho con atributos futbolísticos le esperan cuatro años de fútbol, de formación, de prueba y error y de esquivar las piedras en el camino.

El joven es una apuesta. En nuestro país hay muy pocos prospectos lo suficientemente buenos, y sobre todo preparados, como para que un equipo del extranjero pague una suma económica por ellos antes de que cumplan los 23 años (edad límite que exige el pago de derechos de formación al club de procedencia del muchacho).
Es un poco más sencillo venderlos ya hechos, cuando ya no son promesas y encuentran en la Primera División una vitrina para otros mercados.
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El camino para exportar a un jugador en Costa Rica es largo y tedioso, la mayoría de veces frustrante y en muy pocas ocasiones cumple con las expectativas de todos los involucrados en el proceso de formación del juvenil.
Los equipos argentinos, por ejemplo, consiguen casi el 35% de sus ingresos totales por año de la venta de sus mejores figuras.
En nuestro país no sucede lo mismo.
Los juveniles salen a préstamo o realizan pasantías y en la mayoría de ocasiones no se quedan. La vitrina de Selección acaba por ser vital para su venta, pero no hay garantía.
Un traspaso exitoso gira alrededor de cuatro actores: el jugador, el representante, el club formador y el equipo comprador. Cada uno vela por sus intereses, lo que al final puede chocar con el objetivo de alguno de los otros personajes. Hay variables en cada transacción, pero la mayoría de fichajes conllevan una coordinación de las 4 partes.
El jugador:
En Costa Rica, la mayoría de jóvenes son tomados en serio por los representantes cuando son convocados a la Selección Sub-15, el primer filtro en las categorías inferiores.
La Tricolor es un filtro porque, en la buena teoría, los entrenadores eligen a los valores más destacados entre los cientos de jóvenes que sobresalen en las canteras. La mayoría de representantes ya tienen contactos en los clubes de Primera que les permiten conocer cuáles son los muchachos que despuntan en las distintas categorías.

La ventaja para estos jóvenes es que adquieren en la Sele algo que en la mayoría de clubes solo consiguen a cuenta gotas: roce internacional.
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Si un futbolista completa el proceso desde la Sub-15 hasta la Selección Sub-20 puede sumar, en promedio, 80 partidos internacionales, lo que le permite crecer y medir la dinámica internacional que le espera cuando compita en otras latitudes.
Son los casos de Yeltsin Tejeda o Joel Campbell, con un amplio recorrido desde la U-15 hasta que consiguieron brincar a la Selección Mayor a corta edad.
Los amistosos y torneos internacionales con la Sele también abren puertas afuera, ante la enorme disputa de los clubes del exterior por reclutar a los mejores futbolistas.

Un joven puede llegar a un club de Primera División por dos vías: se aproximan al equipo, hacen una prueba y se quedan en el plantel. También pueden ser reclutados en alguna visoría, por lo que llegan recomendados por un entrenador.
Algunos equipos apuestan por las visorías como su arma principal, a razón de que en las zonas rurales hay talentos escondidos y jugadores de bajos recursos que no pueden viajar al club para mostrarse y entrenar con el equipo.
Hay una realidad muy evidente en Costa Rica: los equipos tienen escuelas de fútbol y equipos de élite. En la academia se forman los conceptos básicos de los niños y los padres pagan una cuota para que sus hijos los aprendan, pero después de cierta edad, los clubes forman equipos con las mejores promesas.
La mayoría de veces las escuelas de fútbol son un negocio, no una vitrina.
Un futbolista escala de una categoría a otra si mantiene y mejora su rendimiento, pero el porcentaje de jugadores que consiguen llegar a Primera División es demasiado bajo.
Antes de los 23 años, el club que aspire a comprar un jugador tendrá que pagarle una suma de dinero al equipo que lo formó. El monto a pagar se establece de acuerdo a una tabla de la Fedefútbol que premia la cantidad de años que pasó el joven en ese equipo; a este pago se le conoce como "derechos de formación".
Es muy difícil colocar a una promesa tica en el balompié internacional. Ante las limitantes en la etapa formativa, los equipos de afuera compran la ficha del joven para terminarlo de formar. Este es un proceso necesario en la mayoría de casos.
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La última venta de una promesa la consiguió el Santos de Guápiles, quien traspasó al lateral derecho Ian Smith al Norkoping de Suecia, después de que disputó dos mundiales menores y estuvo a préstamo con el equipo Sub-21 del club nórdico.

El representante:
Esta figura es esencial hoy en día. Sus contactos determinan el destino del jugador y, muchas veces, son la puerta para abrirle un mercado a un país. También es cierto que suelen tener roces con los clubes, que aspiran a ganar una porción de las ventas.
El mejor ejemplo es Kurt Morsink, un representante que domina la MLS. El exjugador colocó una mayoría de futbolistas de Saprissa, con quien tiene una relación cercana.
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Los intermediarios tienen distintos objetivos. Algunos prefieren amarrar a los jugadores después de los 23 años, cuando están formados; aprovechan sus contactos en los clubes para mover al futbolista, muchas veces de Selección, y conseguirle un buen contrato.
Morsink llevó a la MLS a David Guzmán, Francisco Calvo, Ulises Segura, Julio Cascante y Joseph Mora, todos futbolistas ya hechos, mayores de 23 años, todos de Saprissa.

También están los casos de aquellos agentes que prefieren captar el talento desde la etapa de formación. A los 14 años firman un contrato con el padre del futbolista, que les garantiza una comisión en caso de una posible venta de su hijo.
Este representante suele utilizar las selecciones menores para elegir a los muchachos a los que les ve cualidades. Después de firmar a un joven, lo normal en el ambiente es que le regale los tacos, que lo lleve a pasantías y se vuelva una figura protectora.
En ocasiones tiene roces con el club, que espera que se le incluya dentro de las negociaciones, pero esto no sucede. Hay prácticas que fragmentan la relación con los equipos, como cuando le piden a su jugador que no renueve su contrato, ante la posibilidad de salir libre, sin traba alguna, rumbo a un club del exterior.
En la Academia Wílmer López, formadora de talentos de Carmelita, hay ocho futbolistas de 14 años con un representante y un vínculo firmado.
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Édgar Artavia, presidente de la Academia, afirma que cuando participan en torneos internacionales con sus equipos menores, es habitual que aparezcan intermediarios interesados en los jugadores más talentosos, pero la mayoría están firmados.
El representante debe ser muy cuidadoso con el club, que puede asumir una postura tajante de no alinear a un futbolista, si decide partir sin dejarle nada al equipo.
El club formador:
La aspiración de los equipos profesionales es conseguir un buen contrato para sus futbolistas. De lograrlo, recuperan la inversión y reinvierten el dinero en la cantera.
Por ejemplo, la Liga vendió a Rónald Matarrita (New York City) y Diego Calvo (Valerenga) por una buena suma de dinero y se dejó una tajada de la transacción.
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Sin embargo, un equipo también puede cobrar los derechos de formación por cada año que tuvo al joven en el club. Este monto se paga por los jugadores menores de 23 años que son traspasados de un equipo a otro del exterior.
Hay un detalle: Si el jugador queda libre de contrato, es mayor de 23 años y lo ficha un club del exterior, el equipo formador no se ganará nada, lo que es una catástrofe.
Una medida de presión común es que algunos clubes deciden no alinear a sus futbolistas cuando se dan cuenta de que se niegan a renovar, pues su representante les consiguió alguna alternativa afuera del país y les beneficia quedar libres.
Esto suele crear una mala relación entre el representante y el club.
De antemano, los equipos saben cuánto dinero se ganarían por los derechos de formación de una figura y casi siempre es mejor negocio conseguir un contrato y vender, que cobrar esta suma de dinero si el jugador se fue libre.
Un jugada típica del club formador es enviar a préstamo a los futbolistas jóvenes a un club del exterior, con la esperanza de que se puedan vender en el corto plazo.
Casi nunca sucede.
Carmelita, por ejemplo, cedió a Andy Reyes al Pachuca azteca sin cobrar un colón. Si el delantero es fichado por el equipo mexicano, cobrarán los derechos de formación.
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Herediano prestó a Gerson Torres al Necaxa. Él pelea por un contrato que le permita ganar más dinero y al mismo tiempo le deje una tajada al club formador.

El club comprador:
El mercado con más apertura para los futbolistas ticos es la MLS. Saprissa aprovechó su buena relación con Kurt Morsink para colocar a sus principales figuras.
Para comprar a un futbolista, los equipos del exterior se guían por las referencias de sus representantes y, en algunos casos, le dan un seguimiento a los más jóvenes.
Entre más representantes operen en un mercado, más posibilidad hay de que puedan llegar a esa liga con un buen contrato. Por ejemplo, en México hay una clara inclinación hacia los jugadores de Ecuador, Argentina y Paraguay, a causa de los representantes.
Los clubes compran a un futbolista por necesidad, o porque lo consideran una gran promesa. En ambos casos prefieren que llegue libre para ahorrarse un dinero, aunque también están dispuestos a pagar, siempre y cuando cumpla con sus objetivos.
La MLS, por ejemplo, prefiere figuras consolidadas.
A Costa Rica le cuesta muchísimo vender una promesa. Saprissa exportó a Joel Campbell al Arsenal justo después del Mundial Sub-20, cuando fue una de las figuras ticas.
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Recientemente se vendió Ian Smith al Norkoping de Suecia, y pare de contar.
Artavia insiste en que los jóvenes ticos no tienen ni la fama ni los atributos físicos de otros jugadores, además de que acumulan muchas debilidades en su proceso de formación, lo que al final limita la posibilidad de una venta prematura.
José Rodolfo Alfaro, uno de los volantes más prometedores de la última Sele Sub-17 y figura de la Academia Wílmer López, viajará cedido a Portugal a mitad de año para integrarse al equipo Sub-23 del Sporting de Lisboa.

Aquí se terminará de formar y, si todo sale bien, conseguirá un contrato. La Academia Wílmer López hizo un convenio con este club para pulir a sus mejores jugadores.
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No es sencillo, la mayoría de dirigencias esperan recibir millones de dólares por un futbolista, cuando el mercado reserva estas sumas para brasileños y argentinos.
Para los clubes pequeños es aún más difícil vender, ante la falta de nombre y de vitrina internacional. Santos y Carmelita aprovechan las selecciones menores como escaparate principal para mostrar a sus valores, pero a veces no es suficiente.
