Cartago. La anotación, al minuto 85, de Óscar Granados, puso al Fello Meza de cabeza.
Ganarle a la Liga, uno de los cocos del futbol de Costa Rica, con un gol de última hora siempre será motivo de alegría para el rival.
Sin embargo, lo de Cartaginés también pasa por este lado: una victoria como la de ayer es importantísima en la reconstrucción de su autoestima como uno de los cuatro equipos ticos de tradición (“grandes”, dirían otros).
Para ser alguien en el futbol de este país hay que vencer a la Liga y a Saprissa. Así de sencillo.
El festejo tenía sus matices: le ganaron a uno de los “meros meros”, se mantienen en los primeros puestos del Verano, el fantasma del descenso parece una broma lejana y sacaron victoria con un hombre menos: tan clara fue la falta de Alberto Jiménez que al árbitro Rándall Poveda –permisivo al extremo– no le quedó más remedio que verla (75’).
La anotación de Granados tuvo otra virtud: le hizo olvidar a su público que el partido fue tedioso, de escasas emociones.
Hasta que llegó el gol de Granados –un taquito encontrado, ante un remate flojo de Richard Mahoney– las emociones fueron escasas y el espectáculo pobre.
La imprecisión en el pase, el escaso peso ofensivo de los dos equipos y hacer de la rapidez un atropello fueron las características de un partido que no iba a ser recordado por nada especial..., hasta que Granados marcó el 1-0.
Volvieron. Con ese tanto, los brumosos volvieron a conocer la sensación de vencer a la Liga en el Fello Meza, un sentimiento esquivo desde el 15 de marzo del 2006 .
Entonces el gol lo marcó Bernald Mullins: como Granados, un hombre de la casa brumosa.
¿Qué pasó antes del gol? Poco y nada. Rescatemos el lapso del 60’ al 75’, y lo que se vio –que tampoco fue mucho– corrió por cuenta del Cartaginés, cuando Andrey Campos y Albán Gómez decidieron juntarse.
Lo mejor de ese ratito de partido fue el riflazo de Carlos Rodríguez Centeno (72’), desviado al saque de esquina por Patrick Pemberton.
Alajuelense se limitó a un buen disparo, al 10’, de Ariel Rodríguez (por cierto, amonestado a los cuatro segundos: una especie de récord) y un tiro libre, al 78’, de Daniel Alejandro Juárez, bien contenido por Donny Grant.
Juárez relevó a Yendrick Ruiz y le pasó lo mismo que al novato: no pudo ser el conductor manudo.
Llegó el gol de Óscar Granados cuando el juego tenía el cero gigante sobre sí.
Entonces, el cántico de una afición que lo tiene como una esperanza que prende con una chispa: “!Azuuul¡ ¡Azuuul!”