Emergió en el fútbol profesional como pupilo de Juan Luis Hernández Fuertes, quien le metió en la cabeza que “bailar pegados es bailar”. También se le inculcó que el contención está solo para marcar, anular al rival y acompañarlo hasta el baño, si es necesario. Eso sí, el carácter y la rudeza ya venían en el ADN de Rónald Mauricio Montero.
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Aquel juvenil que perseguía a Wálter Centeno, Alonso Solís o Tirso Guío y que incluso no tocaba balón por seguir a su objetivo, tiene ahora 32 años y regresó a Cartaginés, club que lo vio nacer. Pese a que se enciende con poco, suele meterse en discusiones y algunos lo consideran como uno de los más rudos en Costa Rica, él se define como un volante agresivo y no malintencionado, que también sabe jugar.
Montero afirma que no es desleal, aunque sí reconoce que en la cancha se transforma, se calienta con poco, pelea cada acción como si fuera la última y no le gusta que se metan con él o con sus compañeros. Para plantar cara es el primero, sin importar su 1,72 metros.
“Algunas veces tengo roces, pero fuera de la cancha soy una buena persona y muy alegre. Dentro del terreno de juego si me pongo más violento, pero es por defender mis intereses. Uno como contención tiene que imponer respeto, aunque todo queda ahí y al salir somos colegas, seres humanos y eso es lo que importante”, manifestó el mediocampista.

El cinco de los blanquiazules no tuvo mucha regularidad en sus inicios con los de la Vieja Metrópoli, esto lo llevó a emigrar y buscar opciones en la Liga de Ascenso, también pasó por Orión FC, la UCR, Alajuelense y Guadalupe. En estos equipos se ganó que se le viera como un perro de traba, aunque también se desempeñó como un mixto. Para el Apertura 2019, el técnico Martín Arriola decidió abrirle las puertas de la institución que lo formó.
En todo ese tiempo acumuló roces, discusiones y uno que otro altercado con adversarios, el más recordado fue con el saprissista Mariano Torres, en agosto del 2018. Ambos se dijeron de todo, pero Montero fue sancionado mediante el video y tuvo que purgar dos partidos de castigo. Aún recuerda lo que pasó y describe entre risas que este fue el encontronazo más caliente en su carrera.
“Tal vez el roce con Mariano fue el más fuerte… En ocasiones me vacilan porque no aguanto nada, pero es parte de mi forma de ser dentro del terreno de juego. Adentro peleo lo mío a muerte, si a un compañero mío lo tocan voy a defenderlo, también intento hacer coberturas y dar una mano para el bien de todos”, destacó.
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En la actualidad, Rónald Mauricio es estelar indiscutible con Cartaginés, disputó los tres compromisos del campeonato, no salió un solo minuto y se ha ganado a la afición por su coraje.
No obstante, quiere que se le mire como un jugador que aporta algo más que marca. Afirma que está capacitado para elaborar y defiende que golpea poco, como prueba pone que en tres choques apenas registra una amarilla.
“Obviamente mi función es cortar el juego, pero no soy una persona que busque pegarle al jugador. Trato de estar en la jugada, pero casi nunca me sacan amarilla, porque no es que voy a patear a nadie y tampoco es que tengo mala intención. También sé jugar con la pelota, en otros equipos lo he hecho. En Cartaginés tengo otro rol, porque hay compañeros con mejores características que las mías y eso no lo tenía en los clubes anteriores”, puntualizó.
Montero dice sentirse cómodo como contención, es su naturaleza y aunque le acostó cambiar el chip de lo que le enseñó Juan Luis a lo que se le exige ahora al volante cinco, le gusta ser quien quita y se la entrega al habilidoso.
