José Pablo Alfaro Rojas. 13 enero

La Cueva fue un concierto de silbidos. Tal cual, el Monstruo de mil cabezas resonó tan fuerte y tan lúcido, sin tregua para un equipo que resiente el golpe de la última final, perdida en su propia casa. Y el Monstruo de mil cabezas puede levantar hasta un muerto, pero también hundirlo.

Por poco se hunde el Saprissa, de no ser por la ‘insolencia’ de un debutante, Manfred Ugalde, que a solo 12 minutos del final del juego recibió la orden de ingresar al campo, se quitó el chaleco, abrazó a Vladimir Quesada, y a solo un minuto del final del enfrentamiento hizo lo que tanto resintió el anfitrión: meterla. 2 por 2.

Manfred Ugalde debuta con gol en Primera División. Fotografía:John Durán.
Manfred Ugalde debuta con gol en Primera División. Fotografía:John Durán.

No había margen de error para Saprissa en la primera jornada. El coro unísono en las gradas empezó a sonar como una orquesta dispuesta a cantar toda la noche, sin reparo, cuando apenas a los 28 minutos Jeikel Medina cometió un gol en propia puerta, después de un centro por izquierda de Ryan Bolaños que buscaba la cabeza de Keyder Bernard. Medina se interpuso.

Y sin Christian Bolaños, Mariano Torres y Johan Venegas, la ofensiva morada fue un bostezo en la inicial. A la escasa profundidad que aportaron los volantes elegidos para romper el ordenado bloque caribeño, se une el desgano de otros de los que se espera mucho pero, ofrecen poco.

El dominio de la redonda se volvió tan predecible como los pases en corto de Randy Chirino y las descolgadas poco efectivas de Luis Hernández. Del soso rendimiento del anfitrión en la inicial no se puede decir más que lo evidente: sin sus figuras de peso es un fantasma.

Limón solo hizo lo necesario para castigar a Saprissa, en virtud de una zaga sólida y solvente que apuntaló a formar un muro capaz de esperar con certeza y frenar los embates, para luego empezar su andadura ofensiva con la fórmula de la velocidad, capaz de aprovecharse del lento repliegue de la defensiva morada.

Fue al 38’ cuando Bernard se filtró entre los centrales y, sin marca alguna, aumentó la cuenta, ante el desconcierto de una feligresía cada vez más frustrada con el ‘espectáculo’ de su equipo.

El concierto de silbidos despertó a Vladimir Quesada, que replanteó en el medio tiempo con el ingreso de Torres y Bolaños; de sentido común y hasta de supervivencia, los movimientos transformaron la pasividad del primer periodo en un sentido voraz de recuperar y perforar.

A Limón le tocó resguardarse ante los constantes pases filtrados y la presión alta de la S, que con 2 goles en contra se vio en la obligación de atacar, pero también de dejar espacios.

Los cierres in extremis de Derrick Johnson y el orden proporcionado por Kareem McLean y Shane Brown acabaron por ser determinantes para Limón… tanto como la falta de una artillería de peso para Saprissa, que pecó y pagó, cuando Jairo Arrieta falló la más clara, al 65’.

En una jugada de táctica fija, de más fortuna que mérito propio, el equipo de Quesada alivianó la carga, cuando un mal rechazo de la retaguardia caribeña se tradujo en la revancha de Medina, quien cerró la pinza para colocar el descuento.

En el epílogo, cuando solo faltaban segundos para el pitazo final, un centro elevado sobrepasó a Déxter Lewis, que había tenido un partido para enmarcar, y terminó en la cabeza de Ugalde quien anotó el descuento.

2 por 2. Un consuelo para la S.

Saprissa: Aarón Cruz, Aubrey David, Yostin Salinas, Jeikel Medina, Luis Hernández, Michael Barrantes, Juan G. Guzmán, Ricardo Blanco, Marvin Angulo, Randy Chirino y Jairo Arrieta.

Limón: Déxter Lewis, Shane Brown, Derrick Johnson, Greivin Méndez, Edder Nelson, Rashir Parkins, Jefferson Brenes, Kareem McLean, Alexander Espinoza, Ryan Bolaños y Keyder Bernard.