Nunca falta el ‘viva Saprissa’ en su repertorio. En un bar o en una fiesta, hace sonar la guitarra y canta con la misma pasión con la que conducía el balón. Es fin de semana y hay pocas horas de descanso. Por esas ironías de la vida, a cinco años de su retiro, Alonso Solís aún trabaja casi todos los sábados y domingos. Todavía disfruta hacerlo, tanto como corear el ‘viva Saprissa’.
El 22 de noviembre se cumplió un quinquenio desde que vistió la casaca morada por última vez. El trajín de entrenar, jugar, soportar las lesiones, superarlas, celebrar, ganar y perder, terminó por ahora. Aunque la vida es una círculo vicioso para el Mariachi, que ya no entrena pero sí trasnocha, que ya no juega pero sí canta. Y así con todo, ya no gana y pierde, pero sí ríe y llora.
El futbolista habilidoso de trenzas, que caminaba por el Estadio Morera Soto 'como Pedro por su casa', hoy le sonríe a los manudos, que en los conciertos aún le recuerdan sus goles. Le sorprende cómo pasa el tiempo y su legado sigue presente en las nuevas generaciones.

Hace unos meses, un niño se le acercó a pedirle una fotografía porque lo vio en un video de Youtube. Los padres, morados que no olvidan, le hablan a sus hijos sobre los goles de Alonso, que va poco a la Cueva desde que colgó los botines. Admite que la pasión por el fútbol no se va, pero le cuesta controlarse desde las gradas, ahora que no tiene repercusión en el resultado final.
A hoy, no se ve lejos del fútbol toda su vida, pero necesitaba probar en otras ramas. Él le llama desintoxicarse. Cambiar la redonda por el micrófono es una decisión que lo ha hecho feliz en muchos sentidos. Es probar suerte en su otra pasión y a la vez vivir en otro mundo.
La rutina de entrenar y jugar lo obligaron a llevar una vida estricta. No podía trasnochar a menudo y tenía que entrenar a diario. Bajar la guardia no era una opción en Tibás.
El retiro le permitió bajar un poco las revoluciones, relajarse y darse cuenta de lo mucho que le faltaba por hacer. En medio de ese anhelo de crecer personalmente, lo invitaron a Dancing With The Stars y a De Boca en Boca. Una faceta que reconoce es muy distinta a lo que acostumbraba.

No necesariamente es lo suyo. Alonso sabe que en algún momento lo criticaron por su manera de presentar, pero no es algo que le desvela. En Saprissa, aprendió a manejar la crítica diaria. De la noche a la mañana pasaba de ser el mejor futbolista, al más cuestionado. En un penal fallado o un tiro libre mal ejecutado, estaba el cambio radical de opiniones.
Y luego, de un día para otro, cambió el fútbol por la farándula. Como presentador de televisión conoció la otra cara de la moneda. Ya con el pelo corto y algunos kilos de más, se sentó en un set de televisión a presentar notas rosa.
“Lo disfruté”, asegura Solis, que en cinco años combinó las presentaciones de los fines de semana con su grupo musical Leyenda, con la televisión y, en un principio, algunos proyectos fugaces en equipos de Segunda. Jugó en Grecia y Puntarenas por un periodo corto de tiempo.
Aunque no se queja, uno de los cambios más difíciles luego de abandonar el fútbol es acostumbrarse a otro estilo de vida. En lo financiero, pasó de ganar un salario alto, con el que podía vivir con holgura, a depender de otros ingresos menos estables.
Alonso afirma que cuando era joven, su familia era feliz con poco o mucho dinero. Su padre también era músico y tenía meses buenos y malos.
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“Ha sido un proceso. Los cambios drásticos son difíciles pero vengo de una familia de clase media en la que me enseñaron a ser feliz con poco”, dijo Solís.
Asumió esta mentalidad al volver a la ‘vida real’. Entendió que sería complicado mantener los mismos ingresos que tenía como futbolista y más en la música, a veces cruel. No se le hizo sencillo, pero asegura que ya se adaptó y se siente pleno.
En medio de ese cambio de vida, sufrió un divorcio que lo obligó a hacer un alto en el camino.
Entonces, imagine usted que de un día para un otro disminuya la cantidad de dinero que llega a sus cuentas, se quede sin su pareja y tenga que cambiar su profesión por otra.
Quizás, por eso cinco años después Mariachi está satisfecho con su presente. Aunque no lo dice abiertamente, ya pasó el vendaval y recuperó la estabilidad.
Aún debe trabajar duro pero lo disfruta. A veces le toca presentarse en Pérez Zeledón y el show termina a la 1 a. m. Mientras guarda el equipo, se va devolviendo a San José a las 3 a. m.

Las trasnochadas le complican el objetivo de mantenerse delgado. Por eso, estar a solo tres kilos del peso que tenía cuando era futbolista lo tiene contento.
Entre todo lo que le ha tocado cambiar en estos años, también resalta su rutina de ejercicio. Pasó por el kick boxing, el atletismo, el baloncesto y sigue experimentando. Probó con el cross fit pero confiesa que su rodilla le pide tregua.
Este año, su agenda de fin de semana ha pasado llena y es este su principal ingreso, aunque hace unos meses emprendió un proyecto personal que le apasiona.
Un programa de fútbol transmitido por Facebook Live junto a los exjugadores Andrey Campos y Athin Rooper. ‘Visión del 10’ le llamaron.
La esencia es básicamente hablar sobre el día a día en un camerino de fútbol. Un anecdotario en el que gozan con los entrevistados al recordar todo lo que sucede en los vestuarios.
Sí no es por la música, es en la televisión, en el Facebook o cuando camina por la calle, ahí está el Mariachi, con sus goles a Wardy Alfaro, sus túneles, sus tiros libres. Siempre presente. Y si no, puede recordarlo en Youtube.
