Un francotirador aprovecha cada segundo para analizar hasta el más mínimo factor, se prepara, estudia a su objetivo y logra detectar lo que la gran mayoría no ve, para acertar con una precisión milimétrica; así tal cual lo hace Marvin Angulo con Saprissa.
Eso sí, realizar todo esto en el último instante de un clásico, cuando todo parece perdido, con un estadio completo en contra y con la presión de no tener más opciones, eleva cada factor a niveles intolerables para muchos.
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¿Cómo se anota un tiro libre en el último suspiro?
El propio Angulo es claro en reconocer que concretar desde esta vía es algo a lo que está acostumbrado, sin embargo, las condiciones de un clásico cambian todo y lo llevan al extremo.
Ante esto, repasa sus claves con mayor detenimiento. Lo primero es analizar la posición del arquero, la ubicación es determinante para escoger el sitio al que se patea. Luego de esto, viene el estudio de la conformación de la barrera, para detectar los puntos más altos y más bajos por los que puede pasar la esférica.
También hay espacio para la estrategia con los compañeros, a quienes se les pide obstruir la visibilidad colocándose en lugares puntuales de la muralla que coloca el cancerbero rival. Todo ocurre en cuestión de segundos, pero que para el especialista es tiempo de sobra.
Acá no termina todo, los pasos hacia atrás se contabilizan, en el caso de Marvin, quien de igual forma mide en su mente la distancia que requiere para impactar. Para finalizar, viene el instante en el que se jala el gatillo, no obstante, la postura del cuerpo un poco inclinada para atrás y el conectar con borde interno ya salen de memoria.
La ejecución es tan practicada, que el volante afirmó que desde el momento que la redonda salió de sus pies ya tenía claro que solo quedaba celebrar. Cómo no hacerlo, si su tanto significó el empate 1 a 1 de Saprissa ante Alajuelense, en el minuto 90+7′, cuando todo parecía perdido y la única esperanza morada era que un disparo suyo desde la frontal del área diera en el blanco.
“Ahí cuenta mucho la tranquilidad, la respiración y la concentración para sacar el tiro libre. Se estudia quiénes están en la barrera y cómo se para el portero. Además, es importante lo que hagamos nosotros; le dije a mis compañeros que se pararan en la barrera y taparan al portero. Al entrenar uno practica los pasos que se dan para atrás y hacia la bola, para tener claro el movimiento”, manifestó el mediocampista.
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De igual forma, Angulo puntualiza que la única manera de tener éxito es practicar todo miles de veces, para que salga de manera natural. En su caso, suele quedarse luego de los entrenamientos y ahí en conjunto con sus propios arqueros depura cada detalle.
Eso sí, la presión jamás se vive en las prácticas. Es en el juego donde verdaderamente se detecta si se tiene la sangre fría para extraerse del ambiente, los gritos y cada elemento distractor que se tiene.
“Sabía que nadie me iba a quitar la pelota en ese cobro, era la responsabilidad que tenía y la asumí. No soy de celebrar, pero son momentos en los que hay tanta presión y es tanta la furia contenida, que uno reacciona. Son muchos los goles que tengo de tiro libre, pero cada uno tiene su significado y este sabe más, por todo lo que esta sucediendo”, añadió el creativo.
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La anotación fue una especie de revancha para Marvin, quien fue al banquillo en los últimos dos compromisos de Saprissa y le tocó ingresar de cambio.
El volante dice entender que no venía pasando un buen momento, conversó con el técnico Wálter Centeno para detectar los puntos en los que estaba fallando y ahora espera que su gol le sirva para retomar la confianza y recuperar el sitio en la titular.
“Wálter es muy detallista, le gusta hablar con el jugador y le hace ver lo que uno está haciendo mal; esto le ayuda al futbolista a mejorar. Tengo experiencia en estas situaciones, sé que no me han salido bien las cosas, pero no pierdo la cabeza. Sé lo que puedo darle al entrenador y lo que puedo ayudar al equipo, así que en ocasiones es bueno ingresar de cambio para dar una mano”, concluyó.
