Robero Beto Fernández vio correr a Edgar Marín, y aunque su estilo fue un poco atolondrado, de una vez supo que estaba ante un futbolista con futuro. La historia se sabe: ese joven se convirtió en uno de los atacantes más importantes de la historia del Saprissa y Costa Rica, y es tan solo un ejemplo del ojo ‘clínico’ del fundador del equipo morado.
Pero por esa misma capacidad para captar y formar futbolistas es que Beto se convirtió en algo más que el fundador de Saprissa. La institución se inspiró en este personaje para crear su tercer uniforme y la historia afirma por qué fue tan importante para el club. Fue su primer entrenador, un conocedor empírico, con gran talento para elegir promesas, potenciarlas en la cancha y ayudarlas en su vida personal. Así lo recuerdan dos de sus futbolistas: William Quirós y Óscar Ríos.
“Tenía unos ojos increíbles para ver jugadores, con solo verlo correr él le decía a don Ricardo Saprissa: ‘Este va a ser un gran jugador’”, cuenta Ríos, quien recuerda cuando Fernández le contó la anécdota con Marín, porque ni siquiera Ricardo Saprissa le creyó en ese momento.
“Don Ricardo le dijo que ese chiquillo no sirve, pero él le contestó que iba a ser uno de los mejores jugadores de Saprissa y así fue. A mí en particular fue él quien me escogió, cuando yo estaba jugando un amistoso de mosquitos en La Sabana y él estaba viendo, me llamó y me dijo que si me gustaría entrenar con Saprissa”.
Pese a esa historia en particular, Ricardo Saprissa siempre confío en sus características como visor, detector de talentos y formador. Tuvieron una gran amistad, la cual comenzó desde que Fernández era el técnico de los niños que jugaron el primer campeonato de barrios josefinos.
“Ricardo entiende que Beto es una persona con visión para saber quién juega fútbol y quién no, quién tiene futuro y quién no. Beto dirigió divisiones menores durante muchísimos años y entre 1961 y 1962 empezó a acusar el tema de excesos”, reseña el historiador y periodista José Antonio Pastor.
Por sus ojos pasaron futbolistas como Mario Catato Cordero, Álex Sánchez, Mario Flaco Pérez, Marvin Rodríguez, Jorge Cuty Monge, Álvaro Murillo, Geovanni Rodríguez, Wálter Elizondo, Heriberto Rojas, entre otros, recuerdan Ríos y Quirós.
“Él tenía mucho carácter, pero a la vez era una persona bonachona, buena gente, era muy preocupado por los jugadores, siempre tratando de enseñarnos lo mejor, y que aprendiéramos lo mejor posible. La primera vez que fui a entrenar con él estábamos en círculo y nos puso a parar la bola con una pierna y pasarla con la otra. Yo era chiquitito, medía apenas 1.16 y de pronto paró el entrenamiento, se enojó y dijo algo así como qué barbaridad, vean este chiquillo acaba de llegar y lo está haciendo mejor que ustedes”, añade Quirós.
Para entonces, recuerda Ríos, era exigente para reclutar jugadores. Iba a lugares lejanos del país para buscar ese talento y no cualquier futbolista lo convencía.
“Beto era un gran visor. A veces decía que no había nada extraordinario, porque el que llegaba a Saprissa era muy bueno, no como ahora que llega cualquiera. Llegaba el que tenía cualidades y él las mejoraba. También le escogía a uno la posición en que uno jugaba mejor”.
Además de entrenador, se mantuvo como zapatero, porque precisamente fue desempeñando ese quehacer como nació el club de sus amores, porque era el ayudante de Fausto Leiva, el dueño de la zapatería donde se fundó el Saprissa, en Barrio Los Ángeles, en San José. La Nación visitó el lugar y constató que apenas se mantiene en pie, e incluso ya no está la placa negra con letras sobresaltadas donde se leía lo siguiente: “La idea se gestó en la antigua zapatería de Fausto Leiva. Roberto Beto Fernández y un grupo de dirigentes crearon el equipo. Tiempo después el equipo fue apoyado por don Ricardo Saprissa Aymá”.
Beto Fernández fue el encargado de organizar a esos niños deseosos de jugar. Pensaron en nombres para crear el equipo y su sobrino, Mario Ramírez, propuso que le pusieran Saprissa, con la intención de convencer a don Ricardo de ayudarlos, explica Pastor.
“El equipo participa en el torneo, llegan a la final contra el Boca Juniors de Barrio Aranjuez, pero pierden 1-0 y los chiquillos de Saprissa terminan en la cancha llorando, desconsolados, entonces don Ricardo, que era uno de los invitados de honor, le conmueve tanto eso, que baja a la cancha y les promete no dejarlos”.
A partir de ahí surge una gran amistad entre don Ricardo y Beto Fernández que se convirtió en la gran semilla del Deportivo Saprissa. Pastor lo reafirma: Beto formó tantos jugadores, que no todos llegaron a la Primera División con Saprissa, sino que lo hacían con otros clubes.


