Esteban Valverde. 15 julio, 2018
Los jugadores de Francia celebraron el cetro bajo un intenso aguacero en el Estadio Luzhniki. Fotografía: AP

Moscú, Rusia. Antoine Griezmann miró fijamente la bandera de Francia, Kylian Mbappé sonrió al cantar el himno de su país como no lo había hecho en toda la Copa del Mundo y Oliver Giroud aplaudió gritó para animar a sus compañeros... Así se inició la final para los galos, la que les permitió coronarse como campeones del orbe 20 años después, pues en 1998 lograron esta gesta por primera ocasión.

Francia salió con un ímpetu diferente a la final de Rusia 2018, con esas ganas de dejarse el trofeo, pero con el control que da tener en el banquillo a una persona que tenía la experiencia de jugar una final de un mundial y que además la ganó. Didier Deschamps se encargó de darles tranquilidad a los suyos cuando la incertidumbre los invadió... Porque alzar el cetro tampoco fue sencillo.

Al frente estuvo Croacia, un equipo lleno de hormonas, de ambición, de ganas de trascender y que incluso la derrota no le puede causar desazón, debido a lo hecho en esta Copa del Mundo. Esa escuadra con Luka Modric, un cerebro que en ningún momento desfalleció pese a que sus piernas se arrastraban sobre el césped del Estadio Luzhniki.

Tampoco tenía fuerzas Mario Mandžukić, el delantero estrella que puso a Croacia es su primera final, al anotar en los tiempos extra frente a Inglaterra. Constantemente se tocaba la rodilla, esa que se lastimó ante los británicos, pero jamás pidió cambio ni dejó de picar por cada pelota.

Bien lo había anunciado Iván Rakitic: “Una final se juega hasta con una pierna”.

Sin embargo, Francia supo responder, no fue el fútbol más bonito, empero sí el más efectivo.

Croacia comenzó el partido como un toro en corral: intentó arrinconar a su contendiente, pero Deschamps desde el banco con sus manos pedía tranquilidad, también se llevaba sus dedos a la cabeza y al reloj para anunciar: quedan 80 minutos... Calma.

Probablemente, el mismo estratega que perdió la final de la Eurocopa hace dos años con Portugal, aprendió que no se trata de ahogar a su rival, sino saber cómo y cuándo golpearlo.

En 2016 Cristiano Ronaldo y compañía aprovecharon los disparos desesperados de Pogba de larga distancia, quien intentaba anotar de todo lado; la diferencia fue que ahora el volante del Manchester United fue más bien el que solicitaba calma.

Paul, al final del cotejo, pedía la pelota, pero para resguardarla con su cuerpo, curbrir con sus largas piernas las embestidas de los rivales que buscaban con hormonas quitarle el esférico.

Así desde el minuto 65′ del encuentro, el marcador ya estaba 4 a 1.

El VAR también fue protagonista de la final, como de todo el Mundial... Apareció cuando el partido iba 1 a 1, en el cierre del primer tiempo, para entregarle un penal a los galos y la oportunidad, no desaprovechada, para que Griezmann consiguiera el 2 a 1.

La acción fue una mano de Iván Perisic, ese número 4 de Croacia, que marcó el 1 a 1 en el minuto 28.

(Video) Nación Mundialista: ¿Es Francia el justo campeón de Rusia 2018?

Ir abajo en el marcador en 70 minutos fue irreversible para los dirigidos por Zlatko Dalić. De hecho, el mismo timonel simplemente miró una pantalla, vio que solo quedaban 20 minutos y pateó al aire, sin enojo, como quien tira la toalla.

Francia por su parte no se salió de su libreto, la fórmula para ganar el campeonato fue la misma que lo llevó hasta la final: orden táctico, salida explosiva y el individualismo de Mbappé y Antoine.

Así nació el tercer tanto, con un gran pase a profundidad de Pogba, el artillero del PSG bajó la pelota, quitó una marca con su velocidad y sirvió el centro, Griezmann se la acomodó a Pogba y el mediocentro finalizó con un zurdazo.

En ese momento, ya la locura era total. Dos aficionados franceses se abrazaron fuertemente, gritaban frases sin sentido y solo se distinguía “gol, gol, gol”, mientras otro atrás de ellos se secaba las lágrimas con la bandera de su país.

Deschamps, con su singular calma, solo aplaudió, se abrazó con tranquilidad con un asistente y continuó su camino con puño cerrado hacia su asiento al banquillo.

La historia del epílogo de Rusia 2018 fue una Croacia que no dejó de correr, ambiciosa en su deseo, pero que terminó siendo víctima del ímpetu francés: una característica digna de la algarabía mostrada cuando recibieron la copa y todos empezaron a lanzarse al césped mojado del Luzhniki. Francia reina en el planeta.