Jacques Sagot. 3 junio

“La era Pinto”… La grandilocuente, hinchada retórica del fútbol está corrompiendo el lenguaje. Una era es un lapso de millones de años: el concepto se usa en geología para aludir a las grandes épocas que jalonan la historia del planeta. La era mesozoica, por ejemplo, duró 186 millones de años. Por encima de la noción de era está la de eón, que se usa en astronomía, y se mide en billones de años. Ya solo falta que el día menos pensado algún locutor se refiera al “eón Pinto”. ¿Por qué no hablar simplemente de la “época Pinto”? Pues porque somos cursis, bombásticos, y no sabemos usar el lenguaje con propiedad.

Con pomposidad entre cómica y patética, se ha puesto también de moda la expresión: “hicimos historia” para referirse al buen desempeño de un equipo. Ello en un deporte que si de algo carece es, justamente, de perspectiva historicista de su propio decurso, de la noción de archivo y documento, de “museografía”, de “arqueología”, hijo como es del más inmediato hic et nunc. Por favor, señores: historia hicieron Julio César, Alejandro Magno, Napoleón y Lincoln.

En el fútbol, el pasado no vende, no es rentable, y más allá de un puñado de lunáticos, es cosa que no interesa a nadie (la Federación de Historia y Estadísticas del Fútbol no pasa de ser un árido repertorio de cifras y fechas). Paradójica, en verdad, la expresión “hicimos historia”, en un deporte que precisamente se caracteriza por su amnesia, por su deliberada elipsis del pasado (lo propio de la mentalidad posmodernista, y de todo aquello que se propone al mundo bajo forma de mercancía). Pero aun cuando el fútbol adquiriese algún día un Geist (Hegel) o autoconciencia de su propia historia, la expresión “hicimos historia” es exorbitada, hiperbólica, melodramática, y francamente risible. Los campeonatos mundiales no constituirían, en el mejor de los casos, más que una microhistoria del fútbol, dentro de la microhistoria del deporte, dentro de la microhistoria del espectáculo, dentro de la microhistoria de la modernidad, dentro de la microhistoria de la sociedad capitalista. La única macrohistoria en la cual se puede insertar el fútbol, es la gran saga del homo ludens, y esa se confunde con el despertar mismo del mundo.