Fútbol Internacional

Cruel, inclemente fútbol

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Es inmisericorde y despiadado, el fútbol. Y nadie como el portero debe soportar el ensañamiento antropofágico de la turbamulta. Una leyenda rusa afirma que ahí donde un arquero comete un error, el césped no vuelve a crecer. Hoy la gente pregunta: “¿qué fue de aquel porterillo malísimo que se tragó dos goles infantiles, en la final de la Copa de Campeones entre el Real y el Liverpool?” Han borrado hasta su nombre. Nadie quiere recordarlo. Desde aquella noche aciaga, cuando lo abandonaron todos los dioses del fútbol, es un fósil deportivo. Salió llorando de la cancha, llevándose las manos al corazón, y pidiendo perdón a la gradería. Dos errores como el Himalaya acabaron con su carrera: un saque de mano interceptado por Benzema, y un disparo desde 30 metros de Bale, que lo transformó en estatua de mantequilla… el Real, sin jugar bien, se llevó la copa por marcador de 3-1.








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