
Cuando el partido ni siquiera había finalizado, el ojo electrónico de la televisión lo pilló a lágrima viva.
Su compañero Andrés Iniesta recién había hecho el gol salvador en los instantes agónicos de un tiempo de sobrevida y, literalmente, el guardameta rompió a llorar.
Iker Casillas es un hombre con un carácter afable y cercano que lo ha convertido en uno de los futbolistas favoritos del público.
La página de la FIFA destaca la convicción del arquero del Real Madrid de mostrar su actitud humilde, como la evidencia de un profesional de primer nivel quien, pese a su fama mundial, procura mantener siempre los pies bien pegados a la tierra.
Ayer el guardameta español tapó muy bien su portería ante los holandeses, estirándo al final su imbatibilidad a 433 minutos, todo un récord en el seleccionado ibérico.
Más allá de la gesta española, el llanto de Iker retrató el torrente emocional de un muchacho como tantos, que vive de sueños e ilusiones y que, como tantos, guarda en su interior sentimientos que, únicamente, le pertenecen a él.