Roberto García H.. 6 julio

“Cuando quiero mirar las estrellas, busco en el cielo”. Óscar Washington Tabárez Silva, el maestro y estratega de la Selección Nacional de Uruguay explica, en sentido figurado, que no hace diferencias entre sus pupilos, de tal manera que los pergaminos o el pedigrí que exhiben figuras como Edinson Cavani y Luis Suárez, ambos de sólido prestigio internacional, no alteran, en nada, el trato igualitario que brinda a sus discípulos.

Todos son objeto de la misma exigencia, rigor, disciplina y también de sus consideraciones, según las particularidades de cada quien. Con esa política de equilibrio, lejos de irrespetar el brillante palmarés de los más pintados, Tabárez aprovecha la influencia que estos ejercen en el alma del colectivo para fomentar el compañerismo y la solidaridad, dentro y fuera de la cancha.

Su verbo, ejemplo y método deberían ser referencia obligada para sus colegas del banquillo en el fútbol internacional, inclusive, un modelo apropiado para instituciones, empresas, asociaciones y cualquier grupo organizado que requiera de liderazgo, motivación, igualdad y justicia para alcanzar sus metas.

Una de las satisfacciones que nos ha dejado la Copa América 2019, ha sido la impecable presencia del maestro de maestros. Su condición de salud, lejos de opacarlo, acrecienta su personalidad, el liderazgo que inspira. Como se sabe, don Óscar lucha desde hace varios años contra el síndrome de Guillain-Barré, trastorno neurológico que altera sensiblemente su movilidad. Sin embargo, causa emoción cada vez que la televisión lo enfoca, en su silla de ruedas o apoyado en sus bastones, atento y tenaz, al borde de la gramilla. No en vano, conduce el timón nacional desde el 2006, proceso que las autoridades de su país han respaldado, en beneficio de la identidad y de la garra tradicional con que los charrúas pelean cada gajo de la pelota.

No hay astros en la óptica de Tavárez. A todos ofrece el mismo trato, oportunidades y consideraciones, razones suficientes para que sus futbolistas le profesen cariño, admiración, respeto y, en consecuencia, den todo en la cancha. El fútbol es un espejo de vida. Por eso celebro la vigencia del veteranísimo, Óscar Washington Tabárez, ejemplo de clase, coraje, constancia y dignidad.