Soy malo para decir ¡feliz año! Quizás porque desde siempre me pareció una expresión que igual sale del corazón como simplemente de la lengua, casi en automático. Funciona, lo sé, y hasta me he ido acomodando. Me sale más fácil si escribo un “¡estamos vivos!”, casi una tradición personal, con el más sincero agradecimiento de saberlo a usted al otro lado de esta columna.
La escribí por primera vez en la agonía del 2002 y, a partir de entonces, cada fin de año la ensayo sin la certeza de poder repetirla.
Nunca se sabe. 16 años columnas después, agoniza el 2017, el año que se llevó al James Bond de mi niñez, al exboxeador Jake LaMotta y hasta al magnate de la Playboy. Usted y yo seguimos vivos.
A Roger Moore le llegó la hora, por más agente 007 que en vida haya sido, sin escape ante un cáncer fulminante. La Motta extendió sus días hasta los 95 años, pero con una vida a trompadas difícilmente logremos igualarlo. Piénselo un instante. Llegado el día no hay quién se esconda, por más que Hugh Hefner haya gastado millones en su paraíso terrenal rodeado de conejitas.
Muere el año de Nate, el huracán que se llevó todo a su paso, causando muerte en Honduras, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Panamá. Usted y yo tenemos techo, ropa y alguno que otro bocado para cerrar el año bien comidos.
La Juve festejó su sexto título consecutivo en Italia; el Bayern Múnich, el quinto en Alemania; el Chelsea recuperó la corona en Inglaterra; el Real Madrid alzó la Orejona por segundo año consecutivo; usted y yo no necesitamos el calcio, la Bundesliga, ni la Champions para levantar la copa y brindar por todo lo recibido.
Si usted no jugó el 06 en la lotería navideña y lo más cerca que estuvo del “gordo” fue en el Solteros contra Casados, no hay razón para afligirse. Tampoco lo jugó el Pato López, pese a llevarlo media vida en su espalda. Solo sonría a lo Neymar, que nos cuesta menos que al Paris Saint Germain.
Sentirse vivo no es cuestión de edad. Roger Federer estaba muy viejo para ganar un torneo cualquiera y contra todo pronóstico terminó el año con dos Grand Slam; usted y yo estamos en la mejor edad, sea cual sea.
En el campeonato nacional, Pérez Zeledón nos enseñó que los pronósticos sirven para romperlos. Si hoy su panorama tiene a Herediano, Saprissa y la Liga por encima, solo tiene que ser guerrero.
Inténtelo. Lo peor que puede pasarle es sentirse vivo.