Liga Deportiva Alajuelense se encuentra hoy en una encrucijada compleja, que hace temer lo peor y que transporta a su afición a un pasado que muchos preferirían haber borrado de la memoria.
Porque fue hace siete años la última vez que le ocurrió a la Liga lo mismo que podría experimentar en estos días.
Solo que pareciera que con el paso del tiempo y la “campeonitis” de diciembre, Alajuelense no cayó en cuenta de que le podía pasar lo mismo que a Herediano en el torneo anterior: que el campeón nacional quede eliminado.
Para la Liga, la amenaza de quedar fuera de las instancias finales del campeonato nacional dejó de ser una simple suposición mediática, sino una realidad estadística que los quema.
Si se trata de encontrar un precedente similar en Alajuelense, hay que retroceder exactamente siete años, al Torneo de Clausura 2019.
Esa fue la última vez que el conjunto erizo sufrió la humillación de ver las etapas definitivas desde el televisor.
Las comparaciones son tediosas, pero aquella fatídica campaña y lo que va de 2026 guardan paralelismos tan exactos que parecen escritos por el mismo guionista de tragedias deportivas, empezando por una tendencia de resultados grises que ha sumido al club en la incertidumbre.
En aquel 2019, la Liga arrastró un mal rendimiento que la llevó a finalizar en el sexto lugar de la tabla de posiciones con 32 puntos, producto de 8 triunfos, 8 empates y 6 derrotas.
Hoy, el panorama es matemáticamente más alarmante: con un registro actual de 6 victorias, 5 empates y 5 pérdidas, el equipo rojinegro tiene un techo máximo de apenas 29 unidades, aunque en aquel momento la fase de clasificación era de 22 partidos (12 equipos), en lugar de los 18 juegos actuales (10 equipos).
Lo que se presupuestaba como un breve periodo de reacomodo tras la obtención de la ansiada estrella número 31, con la esperanza de que la resaca del título durara apenas cinco jornadas, terminó convirtiéndose en una crisis existencial que se ha extendido durante casi todo el certamen actual.
El mismo campeonato da algunos permisos, solo que al perder tantos puntos llega el momento de ver a la par el precipicio.
A pesar de la baja cosecha de puntos, la esperanza eriza se alimentaba de que el equipo dependía de sí para avanzar. El problema estaba en un paso en falso.
Antes del clásico del domingo, Alajuelense todavía dependía de sus propias fuerzas para clasificar.
Sin embargo, el empate 1-1 en ese encuentro dejó a los manudos al borde del abismo, obligándolos ahora a depender de combinaciones de resultados ajenos.
Esta agonía recuerda inevitablemente lo sucedido hace siete años, cuando los refuerzos estelares quedaron debiendo y el entorno del club se llenó de situaciones insólitas.
Imposible olvidar el caso de Esteban Alvarado, quien llegó como el gran fichaje del mercado y se marchó del equipo sin siquiera debutar, luego de que el técnico Hernán Torres declarara públicamente que Patrick Pemberton seguiría siendo el titular, después de un clásico.
O el caso de Marco Ureña, quien regresó con bombos y platillos pero se fue en blanco en la red, atrapado en una lista de lesionados que parecía no tener fin.
En ese entonces, el banquillo tampoco era ajeno al déjà vu de inestabilidad. En 2019, el proceso inició con Luis Diego Arnáez, pero tras cuatro fechas y apenas cinco puntos, la dirigencia apretó el gatillo.
Cristian Oviedo asumió la responsabilidad de forma interina mientras se formalizaban los papeles del colombiano Hernán Torres, quien llegó para intentar enderezar el rumbo sin sospechar que el infortunio llegaría al extremo de que él mismo sufriría una lesión y andaba renqueando.
Aquella plaga de lesiones en Alajuelense resultaba desesperante para el técnico. Por la enfermería desfilaron Allen Guevara, Barlon Sequeira, Daniel Villegas, Jonathan Moya, Marco Ureña, Alex López, Róger Rojas, Kenner Gutiérrez, Porfirio López, Cristopher Meneses, Jurguens Montenegro, Anthony López, José Salvatierra, José Miguel Cubero y Esteban Marín.
La Liga de hoy
Hoy, siete años después, Alajuelense está ante un panorama muy similar al de aquel entonces.
Óscar Ramírez, el hombre que marcó el fin de una sequía de la Liga, dándole otro pergamino de campeón nacional, ha dicho varias veces que este torneo no ha sido lo que esperaban.
El “Macho” prácticamente no ha podido trabajar con su plantel completo en ningún momento del semestre. El hospital rojinegro ha estado saturado con figuras de la talla de Celso Borges, Washington Ortega, Rashir Parkins, Anthony Hernández, Alexis Gamboa, Kenneth Vargas y el colombiano Jeison Lucumí.
Entre lesiones musculares y cirugías de rodilla como las de Malcon Pilone y Santiago van der Putten, más la que le efectuarán esta semana a Guillermo Villalobos, el equipo se ha visto frágil. Como si la columna vertebral del equipo fuese de cristal.
Aquella vez, el equipo arrastraba malos resultados y no hacía valer su condición de local; justo lo que ocurre en la actualidad.
Con la soga al cuello, la pregunta que hoy rodea a Alajuelense es si este Torneo de Clausura 2026 terminará con el mismo desenlace de aquel lejano Clausura 2019, cuando la Liga llegó a la última fecha sin opciones de nada.
A los manudos les quedan dos partidos, en los que necesitan ganar sí o sí contra Puntarenas este jueves en el Morera Soto y el domingo de visita ante Liberia. Y esperar que otro escenario se produzca un resultado que le depare un milagro.
Como que Guadalupe derrote a Cartaginés; o que Saprissa solo sume uno de los seis puntos que le quedan.

¿Sabía que puede recibir El Boletín Manudo en su correo electrónico de forma gratuita? Para eso, regístrese aquí. ¿Ya se unió al canal de WhatsApp La Nación Alajuelense? Aquí puede hacerlo.
Si desea unirse al canal AlajuelenseLN en Telegram, aquí encontrará el enlace directo. El Blog de Alajuelense, Actualidad Rojinegra, puede accesarlo aquí.
