
Rudy Corea Avendaño y su hijo Santiago, dos fieles aficionados al Club Sport Herediano, asistieron al Clásico del Buen Fútbol el pasado domingo 8 de marzo para apoyar a su equipo. Lo que podría parecer la historia común de dos seguidores en un estadio tomó un giro que no esperaban ya que, por error, terminaron viendo al Team frente a Saprissa en plena gradería sur, rodeados por la Ultra Morada.
Todo se originó cuando Santiago invitó a su padre por primera vez a ver a su amado equipo Herediano en “La Cueva”. Lo que menos esperaban estos vecinos de San Rafael de Heredia es que, por desconocimiento a la hora de comprar las entradas, terminarían en la zona menos recomendable para los aficionados visitantes.
Al llegar al estadio Ricardo Saprissa, Rudy -pastor evangélico de 48 años- y Santiago -estudiante de ingeniería industrial de 17- no pusieron mucha atención de hacia cuál sector se dirigían, pero mientras subían las gradas a buscar un espacio, se dieron cuenta de que estaban junto a la Ultra Morada.

“La sorpresa vino cuando entró el equipo y se levantó todo el mundo a brincar; se movía la gradería y, además, nos vimos cubiertos completamente por la manta de la Ultra”, relató Rudy Corea a La Nación.
Entre miles de aficionados en la “Cueva”, cuando estaban debajo de la gigantesca manta, la sorpresa aumentó al toparse con unos amigos. La reacción de ellos fue de asombro total al encontrar a dos rojiamarillos “infiltrados” en el corazón de la barra morada.
Al ser plenamente consciente de su ubicación, Rudy aprovechó para mencionarle a su hijo Santiago que, a pesar de estar ahí para apoyar al “Team”, había que guardar respeto. Y un mínimo de prudencia. Así que, aunque les hubiera encantado gritar el gol de Herediano a todo pulmón, ambos entendieron que ese no era el lugar indicado para hacerlo.
Sin embargo, pese a las evidentes limitaciones para desplegar su euforia, no se quedaron con las ganas, porque menciona Rudy, ellos celebraron con “el espíritu” el gol del empate momentáneo (conseguido por el Tepa González) y cada jugada de su equipo.

Asimismo, el respeto fue mutuo. A pesar de que no vestían la camiseta de Herediano, algunos aficionados saprissistas sospecharon que había “intrusos” en la gradería, ya fuera por la falta de distintivos morados o por no celebrar los goles del Saprissa, en una tribuna donde gritar y alentar es obligatorio.
Independientemente de la incertidumbre inicial, al saber que estaban en la gradería “más brava”, al final pudieron vivir los 90 minutos y la salida del estadio fue con total tranquilidad, sin ofensas ni abucheos.
El Monstruo terminó ganando con un gol de Orlando Sinclair en la famosa Saprihora, que encendió el festejo en todo el sector sur... bueno, casi todo: a lo lejos se veían dos puntitos inmóviles y silenciosos en medio de la celebración.
Aunque muchas veces el fútbol de todo el mundo sufre con noticias de enfrentamientos violentos entre aficiones, también hay espacio para rescatar historias divertidas y que recuerdan la esencia de este deporte. Tal como lo dice Rudy: “Fue una bonita experiencia, saber que el fútbol se puede vivir en familia y aun estando en un campo contrario”.
