
La decisión de Daniel Ortega de cerrar la puerta a nuevos procesos electorales en Nicaragua no tomó por sorpresa al expresidente de Costa Rica, Óscar Arias. Para el premio Nobel de la Paz, el anuncio confirma una posición política que, según recuerda, el líder sandinista defendía desde la década de 1980, cuando el gobierno costarricense impulsaba una salida negociada a los conflictos armados centroamericanos.
Arias recordó una conversación que, según relató, ocurrió durante las negociaciones del Plan de Paz que llevó a los acuerdos de Esquipulas. El expresidente costarricense buscaba que los gobiernos de la región asumieran compromisos democráticos como condición para alcanzar una paz duradera.
Según el exmandatario, Ortega no estaba convencido de aceptar la celebración de elecciones como parte del acuerdo. La razón, afirmó, era la influencia del entonces líder cubano Fidel Castro.
“Fidel Castro le decía y se lo decía delante mío: ‘No caigas en la trampa del presidente Arias firmando su plan de paz, porque los revolucionarios no hacemos elecciones’”, relató Arias.
Ortega terminó aceptando el acuerdo en 1987 y hubo elecciones en Nicaragua en 1990, las cuales fueron ganadas por Violeta Barrios de Chamorro.
Casi cuatro décadas después del plan de paz, el exmandatario costarricense se mostró pesimista sobre el futuro de Nicaragua: “A él lo sacan del poder el día que muera”, afirmó.
Ortega regresó al poder por la vía electoral en el 2007 y, desde entonces, se mantiene en el gobierno mediante comicios cuestionados y la persecución de los opositores. Ahora, anunció que no habrá más elecciones en su país.
Replicando el modelo cubano
Arias considera que el regreso de Ortega marcó una nueva etapa. En el 2007, ambos coincidieron nuevamente como gobernantes. Para el costarricense, a partir de ese momento le quedó claro que la visión política del nicaragüense estaba encaminada a crear un proyecto político similar al de Cuba.
“Me di cuenta de que su verdadero pensamiento salió (...) tenía razón Fidel Castro: los revolucionarios no hacemos elecciones”, afirmó.
Para Arias, el anuncio actual de Ortega no representa una ruptura inesperada, sino la expresión abierta de una postura que ya había mostrado mediante el debilitamiento de instituciones, el control del sistema electoral y la persecución contra opositores.
El expresidente recordó que antes de los últimos comicios nicaragüenses, el régimen encarceló a dirigentes opositores, por lo que no existe una posibilidad real de que Ortega abandone el poder mediante una elección competitiva.
“No. Ninguna, porque no la va a permitir. Lo está diciendo”, respondió Arias al ser consultado sobre la posibilidad de una salida electoral
Arias pide llamar ‘dictadura’ al régimen Ortega-Murillo
El expresidente también consideró que Costa Rica debe ser más directo en su posición diplomática y utilizar el término dictadura para referirse al gobierno nicaragüense.
En su criterio, hacerlo sería coherente con la tradición histórica costarricense de defensa de la democracia. “Deberíamos ser críticos de esto. Claro que no son los valores ni nuestra historia, ni nuestra tradición, ni son los principios que mantiene el pueblo de Costa Rica”, señaló.
Arias sostuvo que la defensa de la democracia debe seguir siendo una bandera de la política exterior costarricense.
Consultado sobre si el peso económico de Nicaragua dentro de Centroamérica debería influir en la respuesta regional, reconoció la importancia del comercio, pero descartó que los vínculos económicos debieran modificar la posición política frente al régimen.
Recordó que Nicaragua fue uno de los primeros países centroamericanos en aprobar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, antes que Costa Rica.
A su juicio, Ortega no cambiará su posición simplemente porque otros países lo califiquen como dictador. “Que lo llamen dictador no le debe molestar. Le puede molestar que le quieran poner presión internacional de otro tipo”, afirmó.
El riesgo de un poder sin sucesión clara
Óscar Arias también planteó dudas sobre el futuro del régimen más allá de Daniel Ortega. A su juicio, uno de los mayores interrogantes es si el Ejército de Nicaragua mantendría la misma lealtad hacia los sucesores que Ortega eventualmente deje designados.
“Yo creo que hoy el Ejército sandinista le ha sido leal y le va a ser leal a él, pero no a los sucesores que él quiera dejar”, afirmó.
En particular, cuestionó si esa lealtad se trasladaría automáticamente a Rosario Murillo o a otro heredero político. Para Arias, esa incertidumbre podría convertirse en una fuente de inestabilidad cuando desaparezca la figura de Ortega.
