Alberto Morales B. y Marcela Rodríguez C.. 17 enero, 2018

Las Guías de Afectividad y Sexualidad Integral del Ministerio de Educación Pública son producto de un prolongado trabajo, dan respuesta a una necesidad y llenan vacíos apremiantes en nuestros adolescentes.

Desde la ciencia, y particularmente la social, por observar y dar cuenta del ser humano en sociedad, esta se nutre de muchas miradas que facilitan la comprensión y adaptación a nuevas formas de ver el mundo sin quitarle su validez científica y respetando los principios éticos y morales. De ello se nutren estas guías.

La familia costarricense, como escenario político, ha sido, y está siendo utilizada y bombardeada como en otros tiempos por visiones satanizadas del mundo con la mal llamada “ideología de género” y, a su vez, se ataca el esfuerzo de muchos profesionales que han trabajado ardua y responsablemente por años para llevar a escuelas y colegios información y educación científica de calidad.

En este sentido, debemos reconocer que los cambios, y la rapidez de ellos, traen al mundo mucha confusión si no son adecuadamente transmitidos y, por tanto, adquieren en el trayecto variaciones en su uso y un marcado empobrecimiento que les da un sentido diferente al real.

Esto sucede con la categoría de género que es, en síntesis, una concepción teórico-metodológica-histórica, necesariamente referida a un cambio en los tiempos y a un proceso social específico, en este caso, a una visión desde la desigualdad y opresión de lo femenino del mundo y de la vida.

Reconoce, entonces, la diversidad de géneros y la existencia de los hombres y las mujeres como el principio esencial de la construcción de la sociedad, pero desde una humanidad diversa y democrática.

Dominación y opresión. No se puede permitir que desde un dogma religioso se censure la ciencia porque toda dominación produce opresión y desde ella no hay posibilidad alguna de seguir construyendo la humanidad.

Integrar esta visión partiendo de la realidad que viven nuestros adolescentes puede ejemplificarse con los resultados de diferentes encuestas que han llevado a cabo profesionales de la Clínica de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños.

La primera de ellas, en el 2013, a estudiantes de secundaria (3.373) de la Gran Área Metropolitana y la segunda, en el 2015, a estudiantes (3.074) de Limón, Puntarenas y Guanacaste. Uno de los temas explorados fue el conocimiento y las prácticas sexuales.

Un resumen de las respuestas es el siguiente: un 65 % desconoce medidas para protegerse de enfermedades de transmisión sexual; el 80 % desconoce cuáles son los días fértiles de la mujer; el 65 % no sabe que puede darse un embarazo cuando el hombre penetra la vagina sin condón aunque no eyacule; un 70 % desconoce que puede darse también un embarazo si el hombre roza la entrada de la vagina, sin protección, ni penetración y sin que eyacule; el 50 % desconoce que el VIH (virus de inmunodeficiencia humana) puede transmitirse por la práctica de sexo oral sin condón; el 70 % desconoce que el virus del papiloma humano se transmite aun usando condón; y un 45 % de los adolescentes no identifican la masturbación como un hecho propio del desarrollo sexual.

Escolaridad es clave. Se documentó, además, que el inicio de la actividad sexual coital es de un 16 % de estudiantes de la GAM y un 26 % de las provincias costeras, aproximadamente la mitad del promedio de la población en general, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Sexualidad. Lo anterior pone en evidencia que la sola escolarización parece ser un factor de protección para prevenir un inicio de actividad sexual desinformada temprana.

De este total de adolescentes que inician la actividad sexual coital, el 50 % lo hace entre los 13 y los 15 años y un 11 % antes de los 13 años (violación). En relación al abuso en todas sus formas, el 11 % de los adolescentes lo reportan y solo el 50 % maneja la información de que los principales agresores son familiares o gente cercana.

Como dato adicional, el 50 % reporta exposición a pornografía y en el 55 % de los casos ocurre ente los 12 y los 15 años.

Todo lo anterior pone de manifiesto lo urgente de transmitir información democrática, protectora, integral y temprana a nuestros niños y adolescentes, en un marco de derechos humanos, que es uno de los objetivos centrales de las guías del MEP.

Ante este panorama, al que se suma la complejidad que viven nuestros adolescentes, en donde la información tergiversada está a un clic de un celular o una computadora y a la realidad que se vive día a día del pobre involucramiento de padres y madres en su formación sexual, actuar responsablemente como sociedad es garantizar una opción desde la educación que los proteja.

Alberto Morales Bejarano es médico pediatra.

Marcela Rodríguez Canossa es socióloga y terapeuta familiar sistémica