23 marzo, 2011

El lenguaje es cosa de tomarse en serio. No se trata solamente de una herramienta de intercomunicación, sino que posibilita el aprendizaje, el conocimiento y el ser. No en vano decía el filósofo vienés Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi conocimiento”.

En ese mismo sentido, y basándose en el trabajo de otros pensadores como Flores, Maturana, Nietzsche y Heidegger, el chileno Rafael Echeverría desarrolla la tesis de la “ontología del lenguaje”, que explica al ser humano como un ser intrínsecamente lingüístico.

De acuerdo con Echeverría, el lenguaje es lo que hace de los seres humanos el tipo particular de seres que somos, porque vivimos en el lenguaje. Apunta además que el lenguaje produce acción, crea realidades. Es decir, no solamente nos permite hablar sobre las cosas, sino que hace que las cosas sucedan. Y la vez, la acción genera Ser. Dice que los seres humanos nos creamos y recreamos en el lenguaje y a través de él y que modelamos nuestra identidad, la de nuestro mundo y nuestro tiempo a través del lenguaje.

De esta manera, el lenguaje, como fenómeno social, es la herramienta que facilitará (o no) el logro del objetivo común. Por otra parte y de acuerdo con Alfonso Oroz, resulta difícil exagerar la importancia crítica del lenguaje. Al elegir las palabras, al escribir o al hablar, dejamos ver nuestros conceptos ocultos acerca de la sociedad y revelamos nuestra propia interpretación de la misma.

Soluciones creativas. En particular, en relación con el uso sexista del lenguaje, Oroz piensa que si como personas tuviéramos conciencia de la importancia del lenguaje, nos esforzaríamos más en encontrar soluciones creativas al problema de los usos linguísticos que, o bien ocultan la información sobre las vidas de las mujeres, o la enmascaran con connotaciones inadecuadas.

Además de proponer, como Oroz, que encontremos formas creativas al problema de los usos linguísticos de nuestro idioma, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de marzo, propongo la utilización de la palabra Matria como una reconstrucción del término patria. Matria, es un concepto utilizado con frecuencia por pueblos indígenas de América como los mapuches, aymaras o quechuas, aunque también ha sido utilizado por escritoras como Virginia Woolf, Isabel Allende y Krisa Wolf y por escritores como Miguel de Unamuno, Jules Michelet, Edgar Morin y Jorge Luis Borges. En la Antigüedad clásica, Matria hacía referencia a la propia tierra del nacimiento y del sentimiento.

A lo largo del tiempo se mantiene gracias a la tradición literaria y poética, principalmente en la lengua gallega y portuguesa. Por ejemplo Caetano Veloso, el reconocido cantante brasileño, en su canción Língua (Lengua) dice: “E eu não tenho pátria: tenho mátria. E quero frátria.”, (“Yo no tengo patria, tengo matria. Y quiero fratría”).

La insistencia de utilizar lenguaje no sexista tiene el propósito de visibilizar a poblaciones históricamente ignoradas; de evadir el uso de expresiones que podrían herir a grupos tradicionalmente maltratados y de evitar utilizar el lenguaje como arma de exclusión y opresión en la sociedad.

Pero, en particular, se trata de contribuir, a través del lenguaje, con la generación de visiones de mundo más equitativas, más justas y más solidarias.