Nos dice la Ministra de Comercio Exterior que el país debe revisar el subsidio que recibe el sector arrocero. Esto se da porque el sector arrocero recibió un subsidio en exceso de 90 millones de dólares en 2009. Aunque no se trata de un subsidio directo que el Gobierno da a los arroceros, estos tienen un beneficio derivado del esquema de fijación de precios. La escala de precios es fijada de acuerdo a un modelo de costos de producción local. Esta hecha para que los productores no pierdan nunca. Aun así, la producción nacional no alcanza para cubrir todo el consumo, por lo que se tiene que importar una parte. Los industriales importan el arroz, para lo cual pagan el precio internacional, y luego lo venden al precio establecido internamente. Si el precio internacional es más bajo que el que reciben los productores nacionales por su producción, se genera un subsidio. Cuanto más bajo sea el precio internacional, más grande será el subsidio.
Con este esquema se genera una redistribución de ingresos. Los consumidores le trasladan a los productores e industriales un subsidio a través del precio más alto que pagan por el arroz. Uno podría decir que este hecho, por sí solo, no es malo, siempre y cuando sea una decisión consciente y soberana del pueblo. Muchos países subsidian a la agricultura, especialmente los ricos, ya que consideran que es bueno que sus agricultores puedan seguir produciendo y viviendo en el campo. El problema es que, en Costa Rica, la decisión de subsidiar el arroz no ha sido ni consciente ni soberana del pueblo. La mayoría de la gente no se da cuenta de que le está transfiriendo dinero a los productores cada vez que se come un gallo pinto o un arroz con leche. Ni tampoco se da cuenta de que la distribución sea tan desigual. Los 4.5 millones de costarricenses que comemos arroz le estamos transfiriendo dinero a un grupo más pequeño de arroceros que lo producen o importan. Encima, a los más pobres son a los que les pesa más el subsidio. El consumo de arroz representa un 8% del ingreso de una familia pobre (I quintil), mientras que para los mas ricos (V quintil) representa menos del 1 %. Si tomamos en cuenta que la mayor parte del subsidio se lo llevan menos de 10 productores, podemos decir que, en el caso del arroz, los ciudadanos más pobres son los que subsidian a un pequeño grupo de productores.
Este subsidio no aparece en ningún Presupuesto de la República, ni es discutido por los Diputados para su aprobación. El impuesto para financiar el subsidio (un precio mas alto del arroz) tampoco es discutido en la Asamblea. Hace bien la ministra González en atacar este problema. El país debe ir conociendo los impuestos y subsidios que están escondidos en diversas formas de intervención del Gobierno.
Siendo transparentes podemos tomar mejores decisiones de cómo queremos que el Gobierno distribuya nuestro dinero.