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Una paz fugaz como trozo de hielo

Dos años después, Israel y Palestina cruzan miradas, más por insistencia que por reconciliación. Pero ambos pueblos cargan con demasiadas cicatrices y traumas, y la paz exige un tipo de valentía que las guerras no enseñan: la de renunciar al odio aun cuando parece justificado

La gente se reúne para dar la bienvenida a los palestinos liberados de las cárceles israelíes en virtud de un acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes con facciones palestinas en Gaza, a su llegada en autobuses frente al hospital Nasser en Khan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, el 13 de octubre de 2025.
La gente se reúne para dar la bienvenida a los palestinos liberados de las cárceles israelíes en virtud de un acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes con facciones palestinas en Gaza, a su llegada en autobuses frente al hospital Nasser en Khan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, el 13 de octubre de 2025. OMAR AL-QATTAA
La gente se reúne para dar la bienvenida a los palestinos liberados de las cárceles israelíes en virtud de un acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes con facciones palestinas en Gaza, a su llegada en autobuses frente al hospital Nasser en Khan Yunis, en el sur de la Franja de Gaza, el 13 de octubre de 2025.
Gente reunida para dar la bienvenida a los palestinos liberados de las cárceles israelíes luego de un acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes con facciones palestinas en Gaza, este 13 de octubre. (OMAR AL-QATTAA/AFP)

La paz ha vuelto al escenario con su traje de virtud y la misma sonrisa de siempre. El mundo la celebra como si fuera nueva, aunque en Oriente Medio la política no nace: se reinventa.

Vuelven los apretones de manos, los comunicados cargados de esperanza y las fotos que envejecen apenas al ser publicadas. Y detrás de esa coreografía de solemnidad, todos, incluso los protagonistas, saben lo inevitable: la paz aquí dura lo que un trozo de hielo bajo el sol. Refresca la conciencia de los que miran desde lejos y, cuando se derrite, deja el mismo charco tibio de siempre.

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