31 enero, 2017

En la época de nuestros abuelos, la ciudad capital era una linda metrópoli. Lo atestiguan algunos edificios y las fotografías antiguas. El paso de los años y el descuido la han convertido en una ciudad con poco atractivo. Algunos sectores conservan la belleza del pasado, como los barrios Escalante, Otoya y Amón, y hay en el centro de San José algunos edificios antiguos de gran belleza arquitectónica.

No podemos decir que sea una ciudad fea, pero es sucia, en algunos sitios con olores desagradables y ruidosa. Tiene problemas de espacio, producto de la gran cantidad de vehículos que innecesariamente ingresan a ella.

Las paradas de autobuses, además de suciedad y contaminación, generan inseguridad. Una localidad con ese perfil no invita de ninguna manera a transitar por sus calles y aceras.

El alcalde actual hizo en el pasado importantes esfuerzos para mejorarla, y convirtió algunas vías en zonas peatonales. Ahora, nuevamente, enfrenta la tarea de continuar mejorándola, haciendo de ella un lugar más agradable, que invite a visitarla, construyendo más calles de uso exclusivamente peatonal y, sobre todo, buscando con determinación inclaudicable que los autobuses de localidades cercanas como San Juan de Tibás, Guadalupe, San Pedro de Montes de Oca, Moravia, Desamparados, etcétera, no ingresen al casco urbano.

Para eso, deberá cumplir su promesa reiterada de poner en servicio un moderno y eficiente tranvía eléctrico, que permita a los habitantes y turistas movilizarse con facilidad y rapidez, evitando el uso de vehículos particulares. Esta promesa debe cumplirla con prontitud y puntualidad, concentrando todos sus esfuerzos en poner en práctica ese viejo anhelo que los josefinos hemos tenido a lo largo de muchos años, más de treinta, esperando pacientemente que se haga realidad.

Sabemos que la construcción del tranvía, por nuestra manera de ser, no es una empresa fácil de llevar a la práctica, pues les tenemos temor a las grandes obras; sin embargo, el ICE, que tiene experiencia en los grandes proyectos, podría encargarse de su construcción y, por qué no, pensar en una empresa tripartita, con la participación del Estado, la Municipalidad de San José y los empresarios de transporte público. Lo que hace falta es voluntad política y determinación para convertir en realidad ese anhelado proyecto.

Feo espectáculo. En la capital existe un sinnúmero de parqueos públicos. Son negocios que deparan a sus propietarios buenas ganancias. Cobran tarifas sustanciosas, por hora, que ellos mismos fijan, que se pagan en efectivo. Cobran el impuesto de ventas, que supongo giran al Ministerio de Hacienda. Se administran generalmente con poco personal.

Algunas veces utilizo esos parqueos, lo que me permite afirmar, sin temor a equivocarme, que salvo muy pocas excepciones, en su mayor parte, en nada contribuyen al ornato y embellecimiento de la capital.

Todo lo contrario, le dan un feo aspecto. Esto denota que los dueños o encargados no se preocupan por el mantenimiento adecuado para el mejor servicio de sus clientes.

La mayor parte de estos establecimientos ni siquiera ofrecen un techo a sus clientes; los vehículos permanecen el sol y el agua. Los baños, en su mayoría, presentan un triste escenario: el jabón brilla por su ausencia, no existen toallas de papel y la limpieza no es la mejor.

No sé hasta donde las altas tarifas de los parqueos públicos causa que muchos automovilistas estacionen sus vehículos en las vías públicas, lo que entorpece el libre tránsito en la ciudad.

Inercia. Por la víspera se saca el día. Ni el Ministerio de Obras Públicas y Transportes, que tiene múltiples tareas, ni el Ministerio de Salud, ni la Municipalidad de San José, estas dos últimas son las entidades llamadas a intervenir en este caso y deben preocuparse de poner en cintura a esos negocios, se ocupan de este problema. Los inspectores de estas instituciones deben cumplir sus obligaciones.

La Municipalidad, que vela por el embellecimiento de la metrópoli, debe obligar a los propietarios o arrendatarios de los parqueos públicos a mejorar sustancialmente sus instalaciones físicas e imponer como política no renovar las patentes comerciales si no cumplen los lineamientos que se les dé para que mejoren sustancialmente la estética de dichos establecimientos.

Pienso que esto se puede hacer de manera inmediata o, de lo contrario, proceder a dictar los reglamentos que sean pertinentes para regular estas actividades.

Si de verdad queremos que San José presente una mejor cara a sus habitantes, a las personas que la visitan y a los turistas, procuremos cambiar ya, sin dilación, y empecemos por los parqueos públicos.

El autor es abogado.