El presidente de la República se ha distinguido desde el comienzo de su mandato por un indisimulado afán de revancha, por sus intentos de intimidar a quienes lo critican y por el estilo chabacano del que hace gala en sus comparecencias públicas.
Las espectaculares y arbitrarias acciones contra el diario La Nación y el medio digital CRHoy parecen ser deseos de revancha de Rodrigo Chaves contra lo que él llama la “prensa canalla”.
El cierre del Parque Viva, empresa del Grupo Nación, anulado posteriormente por la Sala Constitucional por constituir “una violación indirecta a la libertad de prensa”, y la pifia del ministro de Hacienda y del director de Tributación Directa al anunciar con bombos y platillos la acusación contra una sociedad del propietario de CRHoy, por un supuesto megacaso de evasión fiscal que había sido desestimado, son un abuso de autoridad.
También la denuncia de Vilma Ibarra, del programa radiofónico Hablando Claro, de que el presidente de la República “la acusó”, sin atreverse a decir su nombre, de haber recibido una suma multimillonaria para hacerle propaganda a la construcción de una carretera, con base en una auditoría declarada confidencial, lo que ella niega, es otra agresión a la libertad de prensa.
Desprestigio internacional
El uso del poder para sacarse el clavo, para desquitarse con periodistas y medios de prensa independientes y críticos, es un proceder ilegítimo que nos desprestigia ante la comunidad internacional, ya que pone en entredicho la bien ganada fama del país por el otrora respeto a la libertad de prensa.
Nunca como ahora se cuestionó que el manejo de la pauta publicitaria de las instituciones públicas se pretenda utilizar aparentemente con la finalidad de premiar a los medios de comunicación condescendientes con el actuar del gobierno y castigar a aquellos que lo critican.
Pero lo inaudito es la valiente declaración de la diputada Vanessa Castro, quien achaca al gobierno querer dañar su vida particular para condicionarla, y la queja formulada por la fracción del PUSC, en respaldo de su legisladora, de que este gobierno practica la intimidación contra quienes tienen una posición crítica o contradicen a la Casa Presidencial.
Esas recientes revelaciones delatan un uso perverso del poder y es un hecho sin precedentes en la vida política del país que atenta contra nuestra preciada democracia y tiene efectos nocivos en la convivencia social.
Todos nuestros expresidentes, unos más que otros, fueron objeto de fuertes críticas por parte de periodistas, analistas políticos o formadores de opinión, pero no por eso utilizaron su poder o instrumentalizaron la institucionalidad con el fin de amedrentarlos, ni osaron atacar o perjudicar a empresas periodísticas por su línea editorial.
Mucho menos, tomaron acciones con el objetivo de amedrentar a políticos o diputados de oposición por ejercer su derecho a la libertad de expresión o al control político, causándoles daño a sus vidas privadas.
Diatribas constantes
Sabemos que la crítica es molesta —especialmente para quienes en las altas esferas del poder sucumben a los encantos de los aduladores—, pero la sabiduría del gobernante está en saber escuchar a los que tienen opiniones diferentes.
El estilo chabacano y la falta de decoro a que nos tiene acostumbrados Rodrigo Chaves en sus conferencias de prensa de los miércoles son un irrespeto y una afrenta a la alta investidura que ostenta como mandatario.
Sus diatribas desde Zapote, disparando como revólver chocho, acusando a diestra y siniestra, con anuncio de acciones que posteriormente son enmendadas por instancias judiciales, son prueba fehaciente de su carácter autoritario y su propensión a dinamitar puentes y a la confrontación, comportamiento impropio de quien está obligado a procurar acuerdos para la solución de los problemas que aquejan al país.
Quisiera ser optimista y pensar que la curva de aprendizaje y la madurez que conlleva el ejercicio de tan alto cargo produzcan un cambio de actitud por el resto del período, una rectificación prudente en aras de los mejores intereses nacionales.
Sin embargo, lo creo poco probable, puesto que el revanchismo, la intimidación y la chabacanería, además de ser rasgos propios de la personalidad del presidente Rodrigo Chaves Robles, son también aspectos fundamentales de la estrategia de comunicación diseñada por sus asesores de imagen.
Desde esta perspectiva, considero que los próximos tres años no serán muy diferentes del primero de su período presidencial, lamentablemente.
El autor es exembajador.
