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Responsabilidades del visitante de parques nacionales

Visitar los parques nacionales implica amor por la naturaleza, pero nosotros mismos podríamos ser una amenaza

Las primeras caminatas desde Porrosatí, antitos de Chagos, pasando por Sacramento, rumbo a la laguna del volcán Barva, ida y vuelta, tenían como campo base la cabaña del Chino Loría. Ni que decir de las andanzas a pie desde el camping de Santa Rosa hasta playa Naranjo, por donde hay una roca medio bruja, o del agua escurriendo nuestro cuerpo en las primeras andanzas por el Braulio Carrillo.

Años después, surgieron los clásicos. El Chirripó, la Amistad, y mi amado Corcovado. La lista no se termina sin mencionar el primero en fundarse, la Reserva Natural Absoluta de Cabo Blanco, gracias a la visión de Karen Mogensen; también, deben incluirse el Rincón de la Vieja, Barra Honda y los canales de Tortuguero, o la maravillosa laguna de Gandoca.

Visitar los parques nacionales implica amor por la naturaleza, conexión con el aire fresco, respeto por la cascabel que encontramos en el camino, sorpresa ante el yaguarundí que relampagueó en su paso sobre el lastre, amor por el cola blanca que encandilan las luces del auto y un poco de envidia por el vínculo de la pareja de lapas que sobrevuelan con su ronquete el cielo azul.

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