
Pude haber sido yo la que quedara mutilada de ambas piernas por un camión sin frenos o estrellada contra una división de la pista. En ambos casos, los motociclistas fallecieron.
Son tantas las víctimas... Cada día se suma un padre, un hermano, un amigo, un hijo, que perdieron la vida por la irresponsabilidad de otra persona.
Para mí, fueron homicidios. Fueron asesinados porque alguien no arregló el problema en los frenos del camión, porque andaba a alta velocidad o porque, simplemente, no le importó irrespetar las reglas de tránsito y se tiró a la calle a “jugársela”.
Desde que ando en moto, he analizado cuáles serían las situaciones de riesgo:
1. Ser hombre. Sí, las muertes de motociclistas están permeadas por un asunto de género. Las mujeres que fallecen son las acompañantes. Las estadísticas para los casos de hombres son fatales, mientras que las mujeres suelen sufrir lesiones no mortales. Los hombres viajan más rápido, son más arriesgados y ruidosos, quizá porque van demostrando “lo machos que son” y eso los expone más a accidentes. Honestamente, me parecen bestias en carretera, y más cuando cometen la imprudencia y luego reclaman. La edad también incide: la muerte campea entre los menores de 40 años.
2. Estado de la motocicleta. La moto es solo un medio ágil de transporte. Y debe estar con todo en orden. La mía, en cuanto hace cualquier ruidito, va para el taller. Siempre le reviso el taco de la llanta, porque eso me salva de un derrape.
3. Distracciones. En motocicleta, uno no se puede descuidar ni medio segundo porque el que va sobre la moto es la carrocería. Hay que ir muy concentrado y pensar que quizá aquel va a doblar aunque no ponga luces, que aquella doña del carro grande nunca ve las motos. Y jamás, jamás, ver el celular.
4. Leyes de tránsito. Nos estamos matando en carretera por no respetar las leyes de tránsito (los accidentes son la segunda causa de muerte después del cáncer). En mi caso, no puedo tener un camión atrás (siento que me llevará en banda); no me importa que me insulten los demás motorizados por no rebasar entre dos camiones; tampoco voy a pasar si hay doble línea, y pito en cada bocacalle para avisar que ahí voy.
5. Fallas en la carretera. Tengo cicatrices a causa de la docena de caídas que me he dado debido a la alcantarilla sin tapa, el mal arreglo de una calle, la arena suelta, el cable telefónico que casi me degüella.
6. Clima. El viento, la lluvia y la noche nos hacen más propensos al peligro. Por eso, evito manejar si se dan dos de esas condiciones al mismo tiempo. Y si tengo que hacerlo, pues toca extremar las medidas de cuidado.
La moto ofrece facilidad, ahorro de tiempo y economía. Pero soy consciente, cada vez que me monto, de que quiero regresar a la casa sana y salva a reunirme con mis hijos. Y, entonces, conduzco en coherencia con ese pensamiento.
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Ana Carolina Mora Rodríguez es periodista y motociclista.