Darner Mora Alvarado. 19 enero, 2018

El muro que el presidente Donald Trump se propone construir en la frontera con México tendrá efectos concretos en el ambiente.

La construcción de un muro no es nuevo, pues desde 1994 Estados Unidos ha instalado vallas en 1.050 kilómetros de la frontera con México, que equivale al 33,4 % de los 3.142 km de extensión a lo largo de esta árida franja de terreno.

Con respecto al posible daño ambiental, los científicos han advertido de los peligros para la biodiversidad local debido a los efectos devastadores para numerosas especies de animales y vegetales.

Según Tim Keitt, profesor de Biología de la Universidad de Texas, las investigaciones revelan que la construcción del muro afectaría negativamente a la biodiversidad única de la región, tanto por la alta contaminación que ocasionará el levantamiento de esta barrera física, como por la interrupción abrupta de rutas migratorias de diversas especies, situación que en la actualidad se presenta y que es generada como impacto del cambio climático, cuya existencia, irónicamente, es negada por el mismo presidente Trump.

Por otro lado, y sin ser un experto en el tema de la biología, la biodiversidad podría verse afectada, a manera de ejemplos, de la siguiente manera:

Las aves depredadoras, si bien no tienen problemas con la altitud del muro por su capacidad de volar, podrían resultar dañadas en su caída libre en busca de su presa cuando cazan.

Los animales no conocen sobre fronteras, y mucho menos sobre muros antropogénicos, por lo que la presencia de esa mole de hierro y cemento podría causarles desorientación durante sus faenas de migración.

Algunas plantas se reproducen por el arrastre de semillas y polen por la acción del viento, situación que se vería interrumpida por la presencia de un muro.

Algunos tipos de mariposas no logran alcanzar alturas considerables, lo que limitaría su vuelo migratorio a escasa distancia del suelo.

A pesar de que una gran extensión de la frontera es zona desértica, y las lluvias son escasas a lo largo del año, las corrientes normales del agua de escorrentía se verían obstaculizadas; esto resulta más relevante en las zonas no desérticas de la frontera.

Otros males. La zona divisoria a lo largo de la frontera cuenta con diferentes tipos de terreno, desde zonas desérticas hasta el entorno del río Bravo; según Vanessa Martin, directora de la asociación La Conservación Natural, esta última área incluye una excepcional diversidad únicamente localizada en este territorio, y algunas de las especies se encuentran en extinción, como el halcón aplomado, el ocelote y el yaguarundi (pariente del puma).

En el territorio conocido como el “Lejano Oeste de Texas”, se comparte una extensa línea fronteriza con los estados mexicanos de Chihuahua y Cahuila. En ese sector, especies como el oso negro, el gato montés, el león de montaña y el ciervo mulo podrían morir ahogados.

A manera de ejemplo, la ciudad mexicana de Nogales padeció fuertes lluvias que causaron inundaciones en el 2011, debido a que un desagüe quedó semibloqueado en el muro fronterizo —parcialmente construido—, lo cual generó una gran acumulación de agua que, posteriormente, se liberó.

Esto podría suceder en otras cuencas divididas por la frontera porque su potencial interrupción tendría un gran impacto sobre el terreno natural, carreteras y edificaciones, lo que obligaría a incurrir en cuantiosas erogaciones económicas para solventarlo.

En resumen, la construcción del muro en la frontera entre Estados Unidos y México ocasionará más daños ambientales de los que “políticos” inescrupulosos como Donald Trump conocen, pero ignoran, por lo que resulta inteligente valorar los costos y beneficios para el ambiente y los seres humanos de ambos países, con la construcción de una “obra” basada en una ideología unilateral, egocéntrica, arrogante y egoísta.

El autor es salubrista público.