
El editorial de La Nación del 27 de febrero plantea una afirmación con la que coincidimos plenamente: la inteligencia artificial (IA) no es un accesorio; es infraestructura estratégica. Y como toda infraestructura estratégica, requiere liderazgo político, coordinación institucional y resultados medibles.
Pero gobernar la inteligencia artificial empieza antes de implementar algoritmos. No puede hablarse de IA sin ordenar su base estructural. La inteligencia artificial depende de datos organizados, sistemas interoperables, arquitecturas digitales modernas y procesos públicos digitalizados. Por eso, la transformación digital del Estado no es un proyecto paralelo: es la condición habilitante. Estandarizar bases de datos, integrar plataformas, modernizar sistemas heredados y adoptar soluciones de gestión integradas es el primer paso para gobernar con inteligencia.
Precisamente para evitar fragmentaciones, la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024–2027 fue diseñada como una política transversal de Estado. El Micitt ejerce liderazgo coordinador, pero la ejecución está distribuida entre múltiples instituciones con responsabilidades claras, indicadores definidos y metas verificables. La gobernanza de la IA no puede aislarse en un solo despacho; debe permear todo el aparato público.
La estrategia se articula en tres pilares: talento, infraestructura y mecanismos habilitadores.
En talento, anticipamos una transformación laboral profunda. Una cuarta parte de las habilidades ha cambiado desde 2015 y el ritmo de transformación continúa acelerándose. La respuesta no puede ser reactiva. Por ello, impulsamos programas de formación acelerada, reskilling y upskilling en coordinación con el INA y el MEP, incorporando competencias digitales e inteligencia artificial desde la educación técnica hasta la formación docente. Preparar talento no es solo una política educativa: es una política de competitividad.
Esa preparación, además, debe ser territorial. La transformación tecnológica no puede concentrarse en la Gran Área Metropolitana. Por eso, desplegamos los Laboratorios de Innovación Comunitaria (LINC), con una inversión superior a ¢2.000 millones con apoyo del Inder para instalar 27 espacios en todo el país. Equipados con robótica, impresión 3D, drones multiespectrales y capacidad de entrenamiento de modelos, estos laboratorios brindan formación en IA, ciberseguridad y prototipado a jóvenes, mujeres y comunidades rurales. La inteligencia artificial solo se convierte en oportunidad cuando se democratiza.
En infraestructura, Costa Rica cuenta con una ventaja estratégica: cerca del 98% de su electricidad proviene de fuentes renovables. En un contexto global donde el consumo energético de centros de datos se duplicará en esta década, la sostenibilidad energética se convierte en un activo competitivo. A ello se suma el despliegue de redes 5G, logro de esta administración, el fortalecimiento de capacidades de cómputo avanzado y una política robusta de ciberseguridad, reforzada tras el ataque de ransomware de 2022. La resiliencia digital ya no es opcional; es condición de estabilidad económica.
El tercer pilar son los mecanismos habilitadores. Avanzamos en marcos éticos y normativos sectoriales, en el diseño de un sandbox regulatorio para atraer innovación responsable y en la articulación con instituciones como Hacienda, la CCSS, el MTSS y Procomer, que integran la IA en sus respectivas agendas con responsabilidades concretas. Gobernar implica coordinar, no improvisar.
Más allá de la arquitectura institucional, lo central es el impacto. En agrotecnología, la IA permite desarrollar modelos predictivos de rendimiento, detectar plagas de forma temprana y optimizar el uso del agua y los fertilizantes. Este trabajo ya lo estamos desarrollando con productores de café, aguacate y frutos de altura en la zona de Los Santos.
En salud, abre posibilidades para gestionar listas de espera, fortalecer la vigilancia epidemiológica y apoyar diagnósticos mediante análisis de imágenes médicas. En educación, las herramientas adaptativas permiten personalizar el aprendizaje y anticipar riesgos de deserción. La IA no es una discusión abstracta: es productividad, eficiencia y mejor servicio público.
Algunos países tratan la inteligencia artificial como el sistema nervioso de su competitividad. Coincidimos en que no es un accesorio. Pero más que metáforas, lo que se requieren son políticas ejecutables. La competitividad no se proclama; se construye con instituciones modernas, talento preparado y confianza pública.
El posicionamiento internacional es parte integral de esta visión. Los encuentros con líderes globales del sector tecnológico, incluidos Sam Altman y Sundar Pichai, no son gestos protocolares. Son parte de una estrategia deliberada para insertar a Costa Rica en los espacios donde se define la agenda tecnológica global y abrir oportunidades concretas de cooperación en salud, educación e infraestructura digital.
En el ámbito multilateral, Costa Rica ha promovido que la gobernanza global de la IA avance más allá de principios declarativos hacia capacidades reales de implementación, especialmente para economías emergentes. Las brechas tecnológicas en América Latina no se cerrarán con retórica, sino con corresponsabilidad internacional y políticas públicas ejecutables a nivel nacional.
Gobernar la inteligencia artificial no es una consigna ni una moda tecnológica. Es una tarea estructural que exige modernizar el Estado, fortalecer infraestructura, formar talento, garantizar seguridad y ejercer liderazgo internacional responsable. No se trata de concentrar la política tecnológica en un ministerio, sino de articularla como política de Estado.
La pregunta no es cuántas veces mencionamos la inteligencia artificial, sino si fuimos capaces de transformar nuestras instituciones para aprovecharla con responsabilidad y visión de largo plazo. Esa es la ruta: menos eslóganes, más ejecución.
Paula Bogantes Zamora es ministra de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones.