No existe una varita mágica para solucionar la congestión vial. No existe un solo país que pueda decir que carece de presas en sus principales ciudades; sin embargo, en algunos países han logrado paliar este mal tomando medidas compuestas o integradas.
La lista de las causas de los embotellamientos no es limitada, pero las principales están ligadas a la planificación urbana. Ciudades como San José nunca fueron pensadas para soportar el ingreso de cerca de 300.000 vehículos y al menos 20.000 autobuses diariamente, y tampoco para el crecimiento de la población, la cual pasó, en los últimos 35 años, de 2.300.000 en 1980 a 4.700.000 aproximadamente en el 2014.
Costa Rica es el país de Centroamérica con más vehículos. En el 2011 se registraron 188 por cada mil habitantes, lo que lo sitúa en el sexto lugar en Latinoamérica con más autos, según la base de datos del Banco Mundial. El fenómeno ha sido incentivado por las facilidades para acceder a la compra de un vehículo mediante las agencias y los bancos.
Tenemos, entonces, carreteras diseñadas hace 40 o 50 años, un importante crecimiento de la población, gran cantidad de vehículos y un desarrollo vial que camina al ritmo del “puente de la platina”.
Hay, al menos, siete medidas que podemos tomar:
Cultura vial. La más compleja. En los programas escolares debe fortalcerse la cultura vial para intentar un cambio generacional. Todos apreciamos la independencia que produce el vehículo particular y todos queremos tener uno. Las presas se agravan por conductores que hacen el tercer carril, la falta de cortesía y muchos etcéteras.
Infraestructura vial. Una verdad demostrada en todo el mundo es que más infraestructura invita a que haya más vehículos en las calles. La ruta 27 colapsó el mismo día de su inauguración. Sin embargo, algunas obras estratégicas podrían aliviar el problema.
Desincentivo de uso del vehículo particular. El vehículo particular transporta, en promedio, a 1,5 personas, mientras que el autobús a 60 personas, en promedio. Si bajamos a esas 60 personas del bus y las subimos a un vehículo particular, necesitaríamos 40 veces el espacio en carretera. Las medidas utilizadas en distintas partes del orbe incluyen restricción vehicular, estricta política fiscal para la adquisición de vehículos y peajes a los vehículos que ingresan al centro de la ciudad, entre otros.
Transporte público. Un sistema de trasporte público eficiente, integrado y amigable con el ambiente ofrece notables transformaciones. Urgen políticas públicas bien definidas, sustentadas en análisis técnicos. Las discusiones ideológicas sobre transporte público perpetúan sistemas ineficientes y descontinuados o llenan de vehículos las ciudades. El tren de pasajeros (metro, tranvía, etc.) es una opción que por sí sola ofrece grandes avances, pero si además se le incluye carga y la integración con otros modos de transporte, se potencia su impacto.
Uso de tecnología. El monitoreo del tráfico en tiempo real, semáforos inteligentes, cobro electrónico de pasajes y peajes son parte de las herramientas para combatir la congestión.
Humanización de las vías públicas. Las ciudades están propiciando como solución a los problemas de congestión un sistema en el que la construcción de espacios y vías para los peatones es una constante. Las ciclovías también forman parte de este proyecto.
Urbanización responsable. El Gobierno Central y las municipalidades deben desarrollar planes reguladores, conscientes de las limitaciones en infraestructura y movilidad.
La solución en una sola dirección está destinada al fracaso, la integración de soluciones combinadas ofrece mayores opciones. ¿Cuándo tendremos la madurez cultural y política para acabar con el problema?
El autor es especialista internacional en derecho del transporte.